Crecimiento versus estancamiento: granjeras de algas marinas (Zanzíbar)
Joanna Lipper
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Cambridge
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Massachusetts
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Crecimiento versus estancamiento: granjeras de algas marinas en Zanzíbar
Zanzíbar. 2009. Impresiones glicée de inyección de tinta.
Joanna Lipper viajó a Zanzíbar en el verano de 2009 para fotografiar a mujeres en entornos urbanos y rurales. Mientras estaba allí, visitó Jambiani, una aldea rural en la costa este de Unguja, donde algunas mujeres trabajan como granjeras de algas marinas. Las algas marinas son apreciadas por los químicos que producen en forma de extractos y también por su notable capacidad para absorber tremendas cantidades de dióxido de carbono. Los valiosos extractos de algas se usan ampliamente en alimentos (como lácteos procesados, carne y frutas), en cosméticos (como lápiz labial y máscara para pestañas), en pinturas, en pasta de dientes, en purificadores de aire, en productos farmacéuticos y en la agricultura. A nivel internacional, la importación y exportación de algas marinas son un negocio de 200 mil millones; con Estados Unidos que importa cerca de 50 mil millones por año. El plan estratégico nacional de desarrollo de algas marinas recientemente adoptado por el gobierno de Tanzania convoca a la expansión de la práctica de granjas de algas marinas. Es una forma sostenible de acuicultura que benefició particularmente a las mujeres y contribuye con los programas gubernamentales de paliación de la pobreza. En Zanzíbar, se convirtió en una gran fuente de ingresos para las granjeras. Si bien aumentó su carga de trabajo, también incrementó su poder adquisitivo y les generó más empoderamiento social. Pero, como Zanzíbar carece de la infraestructura a gran escala y las maquinarias necesarias para procesar las algas y obtener el extracto, la materia prima se envía al exterior para su procesamiento. Sin micropréstamos, mejor educación y organización comunitaria entre las trabajadoras, no puede haber más crecimiento de esta actividad como generadora de ingresos y empoderamiento para las mujeres rurales. Hay algo sagrado en su proximidad con la naturaleza y su grácil alternancia entre unión y soledad, momentos de unidad, armonía, separación, individuación y reunión. Sin embargo, a pesar del vasto potencial de empoderamiento para las mujeres, el delgado hilo que conecta a estas granjeras de algas marinas con la economía global se hace cada día más frágil.
Joanna Lipper es una cineasta, fotógrafa y escritora consumada. En su aclamado libro y película documental, Growing Up Fast, aborda las dificultades económicas de las madres adolescentes. En su film Little Fugitive retrató los inconvenientes económicos de una madre soltera que trabaja doble turno y cría sola a dos hijos, mientras su padre está encarcelado. Cuando era miembro de la Sheila Biddle Ford Foundation en la Universidad de Harvard, Lipper realizó varios ensayos fotográficos en Zanzíbar. Las fotografías de la serie Granjeras de algas marinas de Lipper fue presentada en enero de 2010 como trabajo destacado en SocialDocumentary.net. Hace poco, Lipper fue nominada al Prix Pictet por Paula Tognarelli, directora del museo de fotografía Griffin, donde Granjeras de algas marinas será exhibida en una exposición solista en 2012. Joanna Lipper hace poco se unió al cuerpo docente de la Universidad de Harvard como conferencista invitada e impartirá un curso titulado "Usando el cine para el cambio social". Puede encontrar más información sus libros y films anteriores en www.joannalipper.com.
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