África, China y las mujeres
Desarrollar relaciones económicas nacionales puede traer beneficios para todos
Hafsat Abiola
La nueva relación económica entre los países africanos y China está llena de éxitos y reveses potenciales, dice la nigeriana Hafsat Abiola, miembro del Consejo Global de IMOW y defensora de los derechos humanos y la democracia. Ahora, sin embargo, ambas partes tienen un as bajo la manga: las mujeres, su más grande recurso desaprovechado. Abiola es la fundadora de China Africa Bridge y China Africa Forum, así como también fundadora y directora ejecutiva de Kudirat Initiative for Democracy, una organización dedicada a promover la democracia en Nigeria.
En áreas rurales de China y África, las mujeres siguen teniendo vidas especialmente difíciles. En África, la falta de derecho a la tierra de las granjeras hace que la independencia económica sea un sueño muy lejano. La seguridad alimentaria y el lento ritmo del pueblo no compensan el hecho de que están encerradas en costumbres que privilegian a los hombres, lo que lleva a muchas de ellas a irse a las multitudinarias ciudades donde tiene más libertad. Se supone que la situación es mejor para las mujeres de la China rural, pero las estadísticas muestran que tiene el índice de suicidio per cápita más alto: no importa qué políticas haya implementadas, la realidad de la vida de las mujeres rurales en China todavía debe ser transformada.
Pero entre África y China se desarrolló una nueva relación económica que está brindando más y mejores oportunidades para la ciudadanía de cada región -particularmente para las mujeres- de hacer enormes avances económicos.
A pesar de algunos reveses y conflictos, la verdad es que la presencia y los recursos de los chinos no podrían haber llegado en un momento mejor para África. En las primeras dos décadas que siguieron a la independencia, muchos países africanos se dieron cuenta de los límites de la asistencia y empezaron a pedir inversiones como la clave que faltaba en su apuesta por el desarrollo. Sin embargo, la inversión tradicional en África declinó durante las décadas de 1980 y 1990. El ingreso de China introdujo un nuevo jugador con importantes capitales que estaba también dispuesto a apostar a las perspectivas del continente. Ahora, la inversión china está pagando caminos, puentes, construcciones y otra infraestructura necesaria, y sus productos baratos están permitiendo a los consumidores africanos comprar lo que necesitan a pesar de sus limitados ingresos.
En 2000, el comercio bilateral entre China y África sumó alrededor de 10.600 millones de dólares; hacia 2008, saltó a 106.800 millones. La IED china en África (que en 2003, era solo de 491 millones) subió a cinco mil millones hacia fines de 2008. A nivel gubernamental, parece haber compromiso y voluntad políticos: en 2006, el gobierno chino recibió en Beijing a los jefes de gobierno de 48 países africanos, lo que señaló el fortalecimiento de los lazos entre el continente y el creciente poder de Oriente. En noviembre de 2009, el gobierno egipcio recibirá al gobierno de China y a los otros gobiernos africanos para una reunión de seguimiento. Ambas partes hablan de buscar una relación beneficiosa para todos.
Y las mujeres de África y China están entrando en acción desde el principio. Llegué a Beijing un mes antes de la histórica reunión entre jefes de estado. Me sentí inspirada por la hermosa bienvenida que el gobierno y el pueblo chino dieron a los líderes y los pueblos africanos durante la semana que duró el encuentro; pero con solo una mujer entre los 49 jefes de estado africanos, estaba claro que las mujeres tendrían que buscar otros caminos para asegurarse de que sus voces fueran incluidas en los acuerdos que surgieran.
Darme cuenta de la poca representación de las mujeres en las relaciones en desarrollo entre China y África me inspiró a crear una compañía llamada China Africa Bridge. También inicié una organización llamada China Africa Forum, que posibilita que las sociedades civiles en África y China hablen, que aprendan unas de otras y que revisen el impacto de su relación. Hasta ahora, albergué a varias mujeres africanas que estaban visitando China para explorar las oportunidades comerciales, y ayudé a organizar un seminario para contribuir a que empresarias chinas y africanas se conocieran y discutieran aspectos de la relación chino-africana.
Mujeres como las que trabajan con China Africa Bridge están reclamando un lugar en esta nueva economía. Algunas encabezan grandes compañías de inversión que trabajan entre África y China. Por ejemplo, la empresa de telecomunicaciones Huawei es uno de los más grandes inversores chinos en África y está presidida por una mujer; y la consultora Zuloga, de África, también está dirigida por una mujer y su personal es principalmente femenino. Miles de otras mujeres están operando negocios a pequeña y mediana escala en el intercambio entre África y China. Las chinas producen las mercaderías que las africanas venden en sus propias pequeñas empresas y, cada vez más, las compañías chinas están estableciendo producción en África.
Entonces, ¿las relaciones económicas entre China y África darán como resultado beneficios para todos o será otro capítulo en la vieja historia de explotación de África? Depende. En última instancia, el final que tenga África depende en qué pueden o no hacer los africanos. La dificultad económica de África es su incapacidad de incorporar un segmento más amplio de población en la economía de una manera viable. La inversión china puede proveer una oportunidad, pero los estados africanos necesitarán establecer políticas que ayuden a las empresarias y otras mujeres a avanzar en la cadena de producción. Que haya beneficios para todos debe implicar sobrepasar los pocos para llegar a más, y alcanzar a las mujeres, el mayor recurso desaprovechado del continente.
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