Crear una economía solidaria
Cambiar los valores marcados por el género
Riane Eisler, miembro del Consejo Global de IMOW, presidenta del Center for Partnership Studies y autora de The Real Wealth of Nations: Creating a Caring Economics ("La verdadera riqueza de las naciones: creando una economía solidaria"), sostiene que una nueva definición de economía -que incluya mejor las contribuciones que hacen las mujeres- nos pondrá en el camino hacia un futuro económico más robusto. Actualmente, Eisler está trabajando en una iniciativa de política pública para promover prioridades económicas saludables.
Las mujeres de todo el mundo necesitamos acceso igualitario a la educación, empleos bien pagos y crédito; tenemos que cambiar las leyes y las costumbres que nos discriminan por el simple hecho de haber nacido mujeres. Pero -y esto es en lo que quiero centrarme- las mujeres necesitamos más que eso.
Para cambiar el vergonzoso hecho de que, alrededor del mundo, la masa de los pobres y los más pobres entre los pobres son las mujeres y sus hijos, para pasar a un futuro más equitativo y sostenible, no solo necesitamos una mayor porción del actual pastel económico. Para usar una metáfora femenina, tenemos que cocinar un nuevo pastel económico.
Esto quiere decir pensar por fuera de los sistemas económicos convencionales, sea capitalista o socialista. Nuestros viejos sistemas económicos fueron construidos sin tener en cuenta la mitad femenina de la humanidad; de hecho, a menudo sin tener en cuenta la humanidad ni de hombres ni de mujeres. Estos viejos sistemas no lograron dar visibilidad y valor adecuado al trabajo humano más básico e importante: el de cuidar a las personas, empezando en la primera infancia. Un trabajo sin el cual no habría fuerza laboral; un trabajo sin el cual ninguno de nosotros estaría vivo; un trabajo que tradicionalmente fue relegado a las mujeres y sigue siendo considerado inapropiado para los llamados "verdaderos hombres".
La actual crisis económica ofrece una ventana de oportunidad para reexaminar y redefinir qué es y qué no es trabajo productivo. Las mujeres debemos tomar el liderazgo en esta redefinición, no solo por nosotras, sino por todos los demás: mujeres, hombres y niños. De hecho, esta redefinición es esencial en nuestro avance de la economía industrial hacia la postindustrial del conocimiento/información.
Una nueva perspectiva sobre la economía
Los sistemas económicos son creaciones humanas. Necesitamos una nueva economía que nos lleve más allá del debate agotado de capitalismo versus socialismo, y todos los otros viejos "ismos". Tanto la teoría capitalista como la socialista ignoran una verdad fundamental: la verdadera riqueza de las naciones consiste en las contribuciones de las personas y la naturaleza.
Adam Smith y Karl Marx ignoraron la vital importancia de las actividades sustentadoras de vida de la naturaleza. Para ellos, la naturaleza existe para ser explotada, punto. Y en cuanto a las actividades sustentadoras de vida relacionadas con cuidar a las personas empezando en la niñez, esto lo consideran solo como labor "reproductiva" y no como parte de su ecuación económica "productiva". Su foco estaba puesto en el mercado; el de Smith, para ensalzarlo y el de Marx, para condenarlo. Ninguno incluía los sectores de sustento vital en su modelo económico: la economía doméstica, la economía natural y la economía voluntaria. Sin embargo, sin esos sectores, no habría economía de mercado.
Estos tres sectores, ignorados en los indicadores económicos convencionales como el producto bruto interno (PBI), están de uno u otro modo tradicionalmente asociados con las mujeres y lo femenino. Entonces, para cambiar la economía, debemos reconocer que heredamos un sistema de valores marcado por el género en el cual cualquier cosa estereotipadamente asociada con las mujeres -como el cuidado, la no violencia y la atención- se ve como secundaria, "suave", poco práctica, cuando en realidad es todo lo opuesto.
Vemos esto en forma clara si observamos los sistemas económicos desarrollados por naciones nórdicas como Suecia, Noruega y Finlandia. Estas naciones desarrollaron políticas que combinan elementos positivos del socialismo y el capitalismo, pero fueron más allá de ambos para crear una economía en la cual preocuparse por las personas y la naturaleza es una prioridad superior. Tienen un sistema de cuidado infantil apoyado por el gobierno, salud universal, estipendios para ayudar a las familias a cuidar a los hijos, cuidado de ancianos con dignidad, licencias parentales generosamente pagas, fuertes políticas ambientales y un alto porcentaje de su riqueza dedicado a ayudar a naciones más pobres.
Estas políticas no son resultado de una mayor riqueza. De hecho, a principios del siglo XX las naciones nórdicas sufrieron extrema pobreza y hambrunas. Pero hoy tienen un estándar de vida en general alto. Tienen bajos índices de pobreza y criminalidad, y altos índices de longevidad. Estas naciones no solo están mejor ubicadas que Estados Unidos en el ránking anual de los Informes sobre Desarrollo Humano en términos de calidad de vida, también están ente los primeros puestos en los informes de Competitividad Global del Foro Económico Mundial.
Volver visible lo invisible
Para abordar efectivamente nuestros crecientes problemas económicos, sociales y ambientales, debemos reconocer que la exclusión del cuidado y la atención de las teorías y prácticas económicas dominantes causó enorme sufrimiento humano.
Los indicadores de productividad convencionales (como el producto bruto interno o el producto bruto nacional) colocan actividades que dañan la vida -como la venta de cigarrillos y los costos en salud y funerales derivados de fumar- en el lado positivo, aunque no dan absolutamente ningún valor a las actividades de sustento de la vida de la economía doméstica y la economía natural. En efecto, los economistas hablan de las madres y los padres que no tienen empleo fuera del hogar como "inactivos económicamente", aun cuando suelen trabajar desde el amanecer hasta bien entrada la noche.
Algunos dicen que este trabajo doméstico no puede cuantificarse. Pero la realidad es que puede -de hecho, se está haciendo- cuantificarse. Gracias al activismo de las organizaciones de mujeres en todo el mundo, muchas naciones ahora tienen cuentas "satélites" que cuantifican el valor del trabajo de cuidar a las personas y mantener hogares limpios y sanos que tradicionalmente se consideró como "trabajo de mujeres". ¡Por ejemplo, un informe del gobierno suizo muestra que, si se incluyera el trabajo doméstico no pago, comprendería el 70 por ciento de todo el PBI suizo registrado! Sin embargo, nada de esto se encuentra en los tratados económicos convencionales.
En las mediciones de "productividad", se da poca o ninguna visibilidad (y por consiguiente valor económico) al trabajo de provisión de cuidados cuando se hace en el hogar, y la devaluación de este trabajo se refleja además en el hecho de que, en la economía de mercado, las profesiones que involucran provisión de cuidados se pagan mucho menos que las demás. En los Estados Unidos, la gente no dice nada sobre pagarles a los plomeros, personas a quienes confiamos nuestras tuberías, entre 50 y 100 dólares la hora. Pero a los niñeros, personas a quienes confiamos nuestros hijos, se les paga en promedio 10 dólares la hora sin beneficios, de acuerdo al Ministerio de Trabajo de Estados Unidos. Y mientras que a los plomeros les exigimos que tengan capacitación, no requerimos lo mismo de los niñeros.
Esto no es lógico; es patológico. Para entender, y cambiar, este distorsionado sistema de valores y atacar problemas aparentemente inextricables, como la pobreza y el hambre, tenemos que mirar las cosas que solo son visibles una vez que reconocemos el sistema invisible de los valores marcados por el género.
Política económica, pobreza y el sistema oculto de los valores marcados por el género
Mucha gente, incluyendo políticos, cree que está bien tener grandes déficits para financiar prisiones, armas y guerras, todas cosas estereotipadamente asociadas con la "verdadera masculinidad". Pero cuando se trata de financiar el cuidado de las personas -cuidado infantil, salud, educación infantil y otros desembolsos de este tipo-, dicen que no hay suficiente dinero.
No solo eso, si bien suelen decir que su objetivo es terminar, o al menos disminuir, la pobreza y el hambre, los políticos casi nunca mencionan una estadística asombrosa: las mujeres representan el 70 por ciento de aquellos que en nuestro mundo viven en la absoluta pobreza, lo que significa inanición o casi inanición. También ignorado por las discusiones convencionales sobre la pobreza es el hecho de que, en la economía de mercado, las mujeres ganan globalmente en promedio solo entre dos tercios y tres cuartos de lo que ganan los hombres por el mismo trabajo, y que la mayoría del trabajo que las mujeres hacen en la familia -incluyendo cuidado de niños y ancianos, salud, limpieza y agricultura de subsistencia- es no remunerado.
Con esto no quiero decir que los hombres no sufren en los presentes sistemas económicos. Pero incluso en los ricos Estados Unidos, las familias encabezadas por mujeres están en la capa más baja de la jerarquía económica. Y el índice de pobreza de las mujeres mayores de 65 años es casi el doble que el de los hombres de la misma edad, según la Oficina de Censos de EEUU. Que aun en una nación próspera como los Estados Unidos las mujeres mayores tengan muchas más probabilidades de vivir en la pobreza que los hombres mayores no solo se debe a la discriminación salarial en la economía de mercado, también se debe en gran medida a que estas mujeres son, o fueron durante gran parte de su vida, proveedoras de cuidado y atención, y este trabajo no es remunerado y tampoco es recompensado más tarde través de la seguridad social y la jubilación.
Finales y comienzos
El primer paso hacia la construcción de una economía verdaderamente nueva es un modelo económico de amplio espectro que incluya la economía doméstica, la economía natural y la economía del voluntariado comunitario además de la economía de mercado, la gubernamental y la ilegal. Este mapa económico más realista e inclusivo dará real visibilidad y valor al trabajo humano más esencial: el trabajo de cuidar a las personas y nuestro ambiente natural.
Deben cambiarse las reglas del mercado local y global para recomenzar las prácticas comerciales solidarias y penalizar las que no lo son. Para hacer estos cambios, debemos mostrar que esto beneficia no solo a la gente y la naturaleza, sino también a las empresas. Cientos de estudios muestran la relación entre el costo y el rendimiento que tiene apoyar y recompensar la provisión de cuidados en la economía de mercado. Para dar solo un ejemplo, las compañías que aparecen regularmente en las listas Working Mothers o Fortune 500 de los mejores lugares para trabajar -esto es: empresas con buenos planes de salud, cuidado infantil, horarios flexibles, licencia parental y otras políticas de este tipo- ofrecen un mayor retorno a los inversores.
Hay muchas maneras de financiar esta inversión en la infraestructura humana de nuestro mundo que puede amortizarse en un período de años, como se hace con las inversiones en infraestructura material. Una forma es desviar los fondos de la fuerte inversión actual en armas y guerras. Otra es considerar que nos ahorramos los inmensos costos de no invertir en el cuidado y la atención: los enormes desembolsos de dinero proveniente de impuestos que se hacen en relación a crimen, tribunales, prisiones, potencial humano perdido y daño ambiental. Impuestos sobre la especulación financiera y otras actividades nocivas, como elaborar y vender comida chatarra, también pueden financiar la inversión en el cuidado de las personas y nuestro hábitat natural.
Un buen cuidado de los niños garantizará que tengamos las personas flexibles, innovadoras y compasivas que necesitamos para la era postindustrial del conocimiento/la información. Tanto la psicología como la neurociencia muestran que el desarrollo de estas capacidades depende en gran medida de la calidad de la atención que reciben los niños.
Educar y remunerar a las personas por la provisión de cuidados ayudará a cerrar la "brecha solidaria": la falta de interés mundial por los niños, los ancianos, los enfermos y los débiles. Esto conducirá a una redefinición del "trabajo productivo" que da visibilidad y valor a lo que realmente nos hace saludables y felices, y que en última instancia da como resultado prosperidad económica y sostenibilidad ecológica.
Debemos construir un movimiento político para ejercer presión sobre los legisladores para hacer estos cambios de políticas, o cambiar a los legisladores.
Todos podemos ser líderes en la construcción de cimientos equilibrados en términos de género para un sistema económico que verdaderamente satisfaga las necesidades humanas, ya sean materiales, emocionales o espirituales. Si nos unimos, podemos construir estas bases y contribuir a crear un futuro en el que todos los niños puedan realizar sus grandes potenciales de conciencia, empatía, solidaridad y creatividad: las capacidades que nos hacen plenamente humanos.
Riane Eisler está liderando una innovadora campaña piloto, llamada "La verdadera riqueza de Estados Unidos", para idear nuevas medidas de valoración de la salud económica de un país. Las mujeres residentes en Estados Unidos pueden involucrarse como educadoras de pares y difusoras de la campaña. Averigüe más en www.partnershipway.org.
Translation by 101translation.com
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