¿Qué tiene que ver el género con el hambre?

¿Qué tiene que ver el género con el hambre?

Índice Global del Hambre de 2009

 

Para el Día Mundial de la Alimentación de 2009, el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarios presentó un nuevo y convincente estudio que confirma los fuertes vínculos entre desigualdad de género y hambre mundial. El Índice Global del Hambre 2009 del IFPRI se centra específicamente en género y crisis económica, y sostiene el provocador argumento de que, para ser verdaderamente efectivas, las políticas alimentarias o económicas destinadas a las naciones en dificultades deben también incluir políticas de igualdad de género.

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© Michael Rubinstein/IFPRI
Las madres que recibieron educación sobre salud y nutrición no solo son más saludables, sino que crían hijos que son física y cognitivamente más sanos, lo que tiene un impacto directo en la futura economía de un país. Ver más grande >
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© Michael Rubinstein/IFPRI

Invertir en la educación de las niñas disminuye el hambre y la mortalidad materna, y aumenta la salud económica de las familias, las comunidades y los países.

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El 14 de octubre de 2009, el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) lanzó su cuarto Índice Global del Hambre anual en apoyo al Día Mundial de la Alimentación. El Índice Global del Hambre calcula el hambre global haciendo un seguimiento del estado del hambre en 121 países. Como era de esperar, los países con los más altos índices de hambre son de aquellas áreas, como el África subsahariana, que sufrieron conflictos violentos, que dieron lugar a pobreza generalizada e inseguridad alimentaria. El IFPRI también usa los informes pasados para rastrear tendencias e identificar cambios de políticas, programas nacionales y regionales, y modificaciones ambientales que están afectando el hambre global.

El informe de este año, "El desafío del hambre 2009", mira el hambre global a través de dos lentes específicas: la actual crisis financiera y el género. Según el IFPRI, los países que ya tenían altos índices de hambre fueron los más golpeados por la crisis económica, que empujó esos índices aun más alto. Como los países en desarrollo ahora están estrechamente integrados con los mercados mundiales a través del comercio y las inversiones, son mucho más vulnerables a las fluctuaciones globales. De acuerdo al IFPRI, tres factores tienen el mayor efecto en el presupuesto de los países en desarrollo: un comercio mundial disminuido y cambios a las condiciones comerciales, inversiones extranjeras directas e indirectas en descenso y caídas en las remesas (dinero que envían a su país natal aquellos que emigraron para trabajar). Cada uno de ellos, sin embargo, impacta sobre los países y regiones individuales de manera diferente y en grado variado. Las condiciones comerciales en declive, por ejemplo, afectan a países que dependen mucho de las exportaciones, mientras que menos remesas afectarán a países latinoamericanos más severamente. El IFPRI señala que los efectos secundarios de la crisis financiera -como bajas en los sectores no agrícolas de la economía y caída de los ingresos estatales- están magnificando el impacto sobre los pobres y aumentando el hambre.

La institución también halla indisputables vínculos entre altos índices de hambre y desigualdad de género. El Índice Global del Hambre de este año incluye un Índice de Brecha de Género, que mira cuatro dimensiones del bienestar: oportunidad y participación económicas, logros educativos, salud y subsistencia, y empoderamiento político. Juntos, el Índice Global del Hambre y el Índice de Brecha de Género demuestran que atacar la inequidad de género es crucial para reducir el hambre. Un estudio del IFPRI explora la relación entre el estatus de las mujeres -su poder relativo a los hombres en el hogar y la comunidad- y la nutrición de los niños en un total de 39 países en tres regiones en desarrollo: Sur de Asia, África subsahariana, y América Latina y el Caribe. El estudio descubrió que el estatus de las mujeres afecta la nutrición de los niños porque las mujeres con mejor estatus tienen mejor nutrición, están mejor cuidadas y brindan una atención de mayor calidad a sus hijos.

El IFPRI estima que, a causa de la recesión, las disminuciones en las inversiones globales, como en la agricultura, empujarán a alrededor de 16 millones más de niños a la desnutrición para 2020. Como la desnutrición afecta su desarrollo físico y cognitivo y tiene implicancias para su potencial capacidad de generar ingresos cuando sean adultos, la crisis tendrá implicaciones duraderas para las perspectivas económicas de la gente mucho después de que los precios de los alimentos bajen y la recesión se supere.

En la mayor parte del mundo en desarrollo, las mujeres tienen menos recursos y enfrentan más barreras a la participación económica que los hombres. La investigación del IFPRI halló que disminuir las disparidades de género en áreas clave -como salud y educación- es esencial para reducir el hambre. Un estudio mostró que la educación femenina tiene un impacto mucho mayor sobre la pobreza que otros factores, incluyendo la educación masculina. Reducir las barreras de acceso al mercado que tienen las mujeres, aumentar su control sobre los bienes productivos, y adoptar políticas que mejoren las habilidades de generar ingreso y las oportunidades para las mujeres en países en desarrollo (como la reforma de los derechos a la propiedad), todo esto tiene un impacto enorme sobre el hambre para mujeres y hombres por igual.

Vinculando las disparidades de género a la meta de crear estrategias y políticas efectivas para el mejoramiento, el IFPRI está mostrando que ayudar a las mujeres no solo saca a un país de la pobreza y el hambre, sino que también ayuda a asegurar una vida mejor para las futuras generaciones.

La institución observa de cerca a países tanto en el extremo positivo como en el negativo del espectro, señalando las políticas y las prácticas que tuvieron éxito con el tiempo y aquellas que están fracasando con consecuencias funestas. Por ejemplo, Sri Lanka destaca entre los países del sur asiático por tener índices de hambre y de brecha de género bajos en relación con los números generales de la región. Algunas explicaciones posibles para la mejor posición de Sri Lanka son sus programas alimentarios universales, un énfasis temprano en la educación universal y una salud reproductiva de calidad, considerada la mejor de la región. En contraste, Chad tiene el quinto nivel más alto de hambre del mundo y el segundo más alto en desigualdad de género. Las desigualdades educativas en Chad son omnipresentes, con una tasa de alfabetización del 13 por ciento entre las mujeres contra el 41 por ciento entre los hombres. El IFPRI afirma que el bajo estatus de las mujeres en Chad es el responsable de los altos índices de fertilidad, las tasas extremadamente bajas de uso de contraceptivos y el alto índice de muerte materna, todo lo cual puede dar como resultado también en mayor índice de hambre.

Al lanzar el índice sobre el hambre global cada año, el IFPRI apunta a brindar soluciones que reduzcan la pobreza y pongan fin al hambre y la desnutrición. Reducir la desigualdad de género global es fundamental para esta misión, particularmente en estas épocas de dificultades económicas. El Índice Global del Hambre 2009 nos muestra quién está siendo más golpeado por la crisis económica y la correlación que esto tiene con la desigualdad de género. Pero el informe también muestra varios caminos claros para reducir el hambre: mejorar la educación, la participación económica, las problemáticas de salud y el empoderamiento político de las mujeres. También resalta muchas intervenciones que ya fueron iniciadas y que están llevando al éxito.


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Etiquetas:

gender equity , basic rights , food crisis , food security , hunger




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