MULTIMEDIA: Sueño costoso
Mujeres que migran al exterior para trabajar
Nisha Varia
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Human Rights Watch
Susan Meiselas/ Magnum Photos
Sari, de 28 años, y Nuryani, de 20, empiezan su viaje hacia una agencia de reclutamiento de personal en Yakarta para recibir entrenamiento como empleadas domésticas. Karawang, Indonesia, 2006.
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Susan Meiselas/ Magnum Photos
Aviso en frente de una agencia de mucamas en un centro comercial. Muchas agencias compiten por potenciales clientes ofreciendo tarifas bajas. Por lo general, como el precio para los empleadores baja, el costo se traslada a las tarifas de reclutamiento que pagan las empleadas, que pueden trabajar durante ocho meses sin cobrar para poder pagarlas. Singapur, 2006.
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Susan Meiselas/ Magnum Photos
Suprianto, de 27 años, es quien cuida a su hija de cuatro años, Abigail. Su esposa, Widyaningsih, de 27 años, hace dos años que trabaja en Singapur. Balearjo, este de Java, 2006.
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Pasaron tres años desde que Susan Meiselas y yo viajamos a Indonesia y Singapur para tratar de capturar visualmente la experiencia de las mujeres que migraban a otros países para trabajar como empleadas domésticas. En este tiempo, mucho, y muy poco, cambió.
Millones de mujeres asiáticas, principalmente de Indonesia, Sri Lanka y las Filipinas, siguen migrando hacia países más ricos de Asia y Medio Oriente para trabajar como empleadas domésticas. Muchas no tienen alternativas viables de empleo en su hogar. Dejando atrás a sus seres queridos, estas mujeres arriesgan su seguridad en la esperanza de ganar dinero para construir un hogar o pagar la educación de sus hijos.
Si bien muchas tienen "éxito" y llevan un salario a su casa, muchísimas otras están encerradas en sus lugares de trabajo y se les niega su sueldo. Muchas cargan con enormes tarifas por el reclutamiento y soportan condiciones de explotación laboral para saldar su deuda. Los gobiernos les fallaron a estas mujeres al excluirlas de las protecciones laborales estándar otorgadas a otros trabajadores, lo cual aumenta el riesgo de abuso a través de políticas inmigratorias restrictivas que dan a los empleadores un control excesivo.
Las empleadas domésticas migrantes pueden sufrir un rango de abusos, con poca esperanza de reparación. Conocemos miles de casos que involucran abuso físico y sexual, trabajo forzado, condiciones de esclavitud y muerte; solo en los últimos años. Muchos más permanecen sin contar.
Aunque la situación sigue siendo sombría, hay muchas cosas que me dan esperanza. Cuando empecé este trabajo hace siete años, muchos periodistas y funcionarios de ministerios de trabajo estaban entre aquellos que se oponían a darles a los trabajadores domésticos un día semanal de descanso o permitirles quedarse con sus pasaportes. Actualmente, hay crecientes movimientos de migrantes, activistas, funcionarios, empleadores y periodistas que crean conciencia sobre los derechos de los empleados domésticos y luchan por reformas.
Alguna vez invisible, ahora hay cobertura frecuente y matizada de las condiciones laborales de los trabajadores domésticos en medios regionales e internacionales, la blogósfera e incluso en varios grupos de Facefook. Los mismos periódicos que se negaban a cubrir nuestras conferencias de prensa ahora escriben artículos independientes que critican a sus gobiernos y demandan mayor responsabilidad. Los incipientes grupos de la sociedad civil crecieron en fuerza y número, e innovaron para ejercer influencia sobre la opinión pública y brindar servicios desesperadamente necesarios. Algunos ejemplos incluyen mostradores en aeropuertos, líneas directas de SMS, guías de bolsillo "conoce tus derechos" en las lenguas nativas de los migrantes, asistencia legal y albergue. Lo que me resultó más inspirador es que actuales y ex empleados domésticos organizan a sus colegas, usualmente bajo condiciones desalentadores
Las reformas legales están avanzando lentamente. Jordania enmendó su ley laboral para incluir a los trabajadores domésticos, y muchos países (incluyendo Singapur, los Emiratos Árabes Unidos y el Líbano) establecieron contratos de trabajo estándar. Algunos gobiernos están mejorando los mecanismos para recuperar los salarios impagos de los trabajadores domésticos y, si bien muchos abusadores quedan libres, otros fueron procesados y condenados. El cambio es lento, muy reñido e incremental, pero es en la dirección correcta.
Este cambio se está dando no solo a nivel nacional, sino también en forma global. Dada la extendida exclusión de los empleados domésticos de las protecciones laborales mundialmente, la Organización Internacional del Trabajo y los gobiernos están deliberando un nuevo tratado internacional sobre trabajo doméstico. Normas internacionales fuertes brindarían una guía útil para las reformas nacionales, y sigo esperando que llegue el día en que gobiernos y sociedades valoren el trabajo de las mujeres y garanticen el respeto de sus derechos.
Para saber más sobre el trabajo de Human Rights Watch en relación con las problemáticas de las mujeres>>
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