Confesión: este artículo debía estar listo hace rato. Pero, mientras lo escribía, estalló un caso legal en el que estaba trabajando, la niñera se fue de vacaciones y mis dos hijos se enfermaron de gastroenteritis.
Esta cacofonía de demandas en conflicto me puso en sintonía con ese ejército de madres trabajadoras de ojos enrojecidos que hacen malabares entre informes y pañales, conferencias telefónicas y canciones infantiles, tazas de café y biberones.
Es un ejército grande, de alrededor de veinticinco millones, cada una de nosotras esforzándonos a nuestra propia manera para poner un poco de orden en el caos. Es una fantástica proeza que muchas madres estadounidenses realizan todos los días. Pero, en lugar de apoyo y soluciones, solo recibimos censura, gestos de desaprobación y a veces, según parece, un simple corte de mangas.
La falta de respeto hacia las mamás trabajadoras estadounidenses empieza con el nacimiento: la nuestra es una de las dos grandes naciones industrializadas sin licencia por maternidad paga (la otra es Australia). En Inglaterra, te dan dieciocho semanas; en Hungría, veinticuatro. Compárenlo con la garantía de nuestro gobierno de unas míseras doce semanas de licencia sin sueldo si trabajas para una empresa de cincuenta o más personas, y se darán una idea. Peor aun es la falta de inversión nacional en guarderías accesibles, lo que da como resultado acuciantes conflictos para aquellos que no pueden darse el lujo de perder sus trabajos o de costear la atención que sus hijos necesitan.
¿Por qué, en una nación como la nuestra, es tan espeluznante para una mujer combinar hijos y carrera? La realidad es que más del 70 por ciento de las estadounidenses con hijos en edad escolar trabajan fuera de su hogar. Para mujeres como yo, y sé la suerte que tengo, es una elección que se hizo fácil gracias a un cónyuge comprensivo, un cuidado infantil sólido y un trabajo flexible. Yo trabajo porque me encanta el derecho, amo mi independencia y, quizás lo más importante, tengo un jefe que me deja trabajar medio tiempo. Pero muchas mujeres no tienen esa opción: trabajan en circunstancias difíciles para sobrevivir, y lo hacen sin la ayuda de la sociedad.
Viendo a mi hijo mientras hace que Elmo duerma una siesta, quizás en efecto valga la pena no ser socia en la firma. Es un trueque con el que puedo vivir. (Mi empresa es extraordinariamente buena conmigo, pero la realidad es que los abogados privados se evalúan al menos en parte por las horas que trabajan. Un empleado ambicioso rara vez está en su casa los fines de semana, y mucho menos a la hora de la cena durante la semana. Yo trabajo tres días por semana y a las siete de la tarde ya estoy en mi casa). Pero sé que casi todas las madres trabajadoras se sienten empujadas en una dirección que no es la que eligieron. Cuando estoy con mis hijos, necesito abstenerme de chequear el e-mail constantemente (cualquiera que haya limpiado vómito de bebé de un teclado sabe de qué hablo). Cuando finalmente aparezco por la oficina con cuatro horas de sueño, el sacaleche a cuestas y, con suerte, sin demasiados Cheerios húmedos pegados en la espalda, a veces necesito inspirar hondo y recordarme que soy una abogada, no un Teletubby.
Pero incluso cuando una mamá trabajadora se las arregla para disfrutar un momento de satisfacción y equilibrio, siempre habrá un miembro de la Patrulla de la Identidad de las Mujeres listo para meterse. Primos, vecinos, gente desconocida en el ascensor; todo el mundo tiene una opinión. "¡A esa edad, los chicos necesitan que la mamá esté en casa!", incontables personas me regañaron. Y después, mirándome como si fuese una terrorista: "¿Cómo puedes dejar esas caritas por la mañana?".
Ni siquiera mis amigas mamás-amas de casa son inmunes a las críticas. Los demás son condescendientes, les preguntan si tienen alguna ambición y simplemente no reconocen la cantidad de habilidades que se requiere para criar a los niños.
En lugar de hacer sufrir a las mujeres por las elecciones que realizan, intentemos crear un mejor menú de opciones: tiempo completo, medio tiempo, horario flexible, tiempo libre, para todos los padres. ¿Por qué hacemos responsable al gobierno de brindar calles seguras, buenas bibliotecas y transporte eficiente, y no programas decentes para antes y después de la escuela? ¿Por qué es tan difícil para los padres tomarse un tiempo libre o trabajar medio tiempo? ¿Por qué les pagamos a los trabajadores que cuidan a los niños (que ganan cerca de $16.350 al año) menos que a los que cuidan mascotas ($17.600)?
En lugar de cuestionar las elecciones de las mujeres que trabajan muchísimo para criar a sus hijos y pagar las cuentas, empecemos a cuestionar las elecciones de nuestros legisladores. ¿La gente que está criando a la próxima generación de estadounidenses no merece recursos comparables con aquellos que se asignan a la gente que está desarrollando la próxima generación de armas? Sin embargo, el gobierno cortó el financiamiento para el Fondo para el Desarrollo y la Atención Infantiles, la principal fuente de ayuda para aquellos que no pueden pagar un servicio de cuidado de niños de calidad. También deberíamos considerar extender el enfoque de la Ley de Licencia por Razones Médicas y Familiares de 1993 para que cubra empresas pequeñas, brinde más tiempo libre y quizás ofrezca algún tipo de licencia por maternidad paga. ¿Por qué no examinamos incentivos para alentar a los empleadores a brindar horarios flexibles y guarderías en la empresa?
Durante una reunión, el otro día saqué accidentalmente un chupete de mi bolsa, y otra vez me sorprendió lo difícil que es dejar la vida hogareña cuando traspasas la puerta de la oficina. Soy una privilegiada por no tener que hacerlo, pero millones de mamás trabajadoras libran batallas diarias por tiempo, dinero y paz mental.
Desde los ataques terroristas de 2001 en los Estados Unidos, se viene hablando mucho de que nuestra nación debe unirse para darles una mano a aquellos que la necesitan. Hagamos eso por todos los padres que están tratando de criar a sus hijos y no arrancarse los cabellos en el proceso. No importa si eres Marge Simpson, la Mujer Maravilla o una soltera confirmada, ¡todas podemos alzar un cartón de jugo, un maletín o una copa de Martini y brindar por ese tipo de cambio!
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