Pobreza, desigualdad de género y VIH/SIDA

Pobreza, desigualdad de género y VIH/SIDA

Cómo pueden las oportunidades económicas salvar la vida de las mujeres

 

Muchos programas de prevención del VIH se centran en el acceso a la información y a los servicios de salud. Pero para muchas mujeres, especialmente en las partes en desarrollo del mundo, las elecciones sobre la salud están limitadas por otras restricciones, en términos de relaciones de género, subsistencia económica y acceso desigual a la información y los servicios. Un grupo de epidemiólogos proponen el provocador argumento de que la clave para combatir la epidemia mundial de VIH/SIDA es abordar las desigualdades de género que enfrentan las mujeres y niñas, y empoderarlas con mejores oportunidades y esperanza para el futuro.

Las afianzadas inequidades económicas y de género son las fuerzas motrices detrás de la epidemia global VIH/SIDA en expansión entre las mujeres (1). Pobreza y desigualdad de género operan en un círculo vicioso: las muchas manifestaciones de la pobreza -ingreso insuficiente, acceso limitado a la educación y el empleo, y poca autonomía para la toma de decisiones- están alimentadas por normas y valores con sesgo de género que refuerzan el menor estatus social y económico de las mujeres. El ciclo empeora por la difusión de la epidemia de VIH, que aumentó la pobreza y la vulnerabilidad de las mujeres al virus (2).

Las mujeres y niñas en muchas partes del mundo dependen de los hombres y tiene acceso limitado a información y herramientas de salud sexual, recursos económicos y educación. Esto las hace extremadamente vulnerables a la infección del VIH (3). Hasta la fecha, la propagación global de VIH no disminuyó significativamente, al menos en parte porque la mayoría de los esfuerzos de prevención asumen un grado de control individual en la toma de decisiones que, en realidad, muchas mujeres y niñas no tienen. Los esfuerzos para disminuir la transmisión de VIH pasaron por alto los efectos de este entorno social -más notablemente, pobreza y desigualdad de género- de quienes están más en riesgo.

Los desequilibrios de género y la pobreza crean varios "caminos estructurales" al riesgo de VIH para las mujeres (4). Un camino estructural es algo que da forma a las elecciones de la gente y a su riesgo de enfermarse. Para mujeres y niñas vulnerables, esto incluye falta de acceso a oportunidades educativas y económicas solamente debido a su género.

Muchas mujeres asumen comportamientos de alto riesgo para manejar su situación económica. Por ejemplo, muchas mujeres y niñas participan en "transacciones sexuales", cambiando sexo por comida, ropa o matrículas escolares. Por lo general, hacen esto para sobrevivir o "salir adelante", no solo porque sus opciones actuales son limitadas, sino también porque no se pueden imaginar que es posible una vida mejor.

Tradicionalmente, la prevención del VIH se centró en darles a las mujeres mejor acceso a la información y a servicios de salud. Pero dichos enfoques -que incluyen brindar educación y a veces preservativos- no abordan los motivadores subyacentes del riesgo de VIH. Sin embargo, al combinarlos con estrategias que promueven la igualdad de género y el empoderamiento económico de las mujeres -por ejemplo, transferencias condicionales de dinero (CCT, por sus siglas en inglés), microcrédito y programas de capacitación-, tienen más oportunidades de éxito. Estas iniciativas de múltiples componentes también tiene el potencial de ayudar a las mujeres a lograr más poder de decisión en su vida e infundir un mayor optimismo respecto del futuro.

Las investigaciones también mostraron que brindar a las niñas educación formal ayuda a reducir su riesgo ante el VIH/SIDA. Las niñas educadas tienen un mejor conocimiento y comprensión de cómo se difunden el VIH y el SIDA (5), tienen más probabilidades de aceptar asesoramiento sobre VIH (6) y mensajes de prevención (7) y tienen mayor poder en sus relaciones (8, 9). Los estudios también descubrieron que las niñas que recibieron más educación empezaron a tener relaciones sexuales más tarde en su vida; tenían altos niveles de utilización de preservativos; tenían menos probabilidades de ser forzadas a tener sexo; tenían menos probabilidades de involucrarse en transacciones sexuales o sexo intergeneracional; y tenían menos probabilidades de dar positivo en al menos una enfermedad de transmisión sexual (8, 10). La educación también puede dar forma a la perspectiva que las niñas tienen del futuro, y disminuir el "fatalismo" que a veces justifica su participación en conductas de riesgo (6).

Desafortunadamente, la pobreza y la desigualdad de género son parte de la razón por la cual la educación es limitada para las niñas. Numerosos estudios mostraron que, cuando las familias están en apuros financieros y no pueden costear la educación de todos sus hijos, suelen dejar a los varones y no a las mujeres en la escuela (11). En otras instancias, a las niñas se las deja deliberadamente fuera de la escuela porque las familias prefieren tener su ayuda en la casa (12) o porque los padres lo ven como una pérdida de recursos, ya que muy pronto se casarán e irán a otras familias (13-14). Esta brecha de género es más amplia en África, Medio Oriente y el sur de Asia (15). Recortar las oportunidades educativas de las niñas va de la mano con un matrimonio joven y actividad sexual temprana, y con oportunidades económicas limitadas en el futuro; todo esto aumenta la pobreza y el bajo estatus de las jóvenes, así como su vulnerabilidad al VIH. Por eso, los programas de prevención de HIV deberían incluir medidas para mantener a las niñas en las escuelas.

Hasta la fecha, pocas intervenciones educativas o económicas se dedicaron o evaluaron rigurosamente para reducir la infección de VIH. En un estudio reciente que llevamos a cabo entre adolescentes huérfanas en Zimbabue, descubrimos que, combinando educación vocacional y microbecas con educación sobre VIH y género, se redujeron los índices de embarazo no deseado y experiencias de violencia física y sexual, ambos resultados relacionados con el riesgo de VIH (16).

Tales enfoques integrados tienen el potencial de crear una situación con beneficios para todos en lo que respecta a la prevención de enfermedades y la vida de las mujeres: abordar la pobreza y desigualdades de género, así como rehuir el VIH de manera nunca antes vista.

REFERENCIAS:

1. ONUSIDA/UNFPA/UNIFEM. Women and HIV/AIDS: Confronting the Crisis. 2004.
2. Loewenson R, Whiteside A. VIH/SIDA: Implications for Poverty Reduction. Nueva York: Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. 2001.
3. Loewenson R. Exploring equity and inclusion in the responses to AIDS. AIDS Care. 2007;19:S2-S11.
4. Kabeer N. Resources, Agency, Achievements: Reflections on the Measurement of Women's Empowerment. Development and Change. 1999;30:435-64.
5. Hargreaves J, Boler T. Girl power: The impact of girls' education on HIV and sexual behaviour. Johannesberg: ActionAid International. 2006.
6. Kaufman CE, Clark S, Manzini N, May J. Communities, Opportunities, and Adolescents' Sexual Behavior in KwaZulu-Natal, South Africa. Studies in Family Planning. 2004;35(4):261-74.
7. Sherr L, Lopman B, Kakowa M, Dube S, Chawira G, Nyamukapa C, et al. Voluntary counselling and testing: uptake, impact on sexual behaviour, and HIV incidence in a rural Zimbabwean cohort. Aids. 2007 Abr; 21(7):851-60.
8. Crosby R, DiClemente R, Wingood G, Salazar L, Rose E, Sales J. The protective value of school enrolment against sexually transmited disease: a study of high-risk African American. Sex Transm Infect. 2007;83:223-7.
9. DiClemente R SL, Crosby R, Rosenthal S. Prevention and control of sexually transmitted infection among adolescents: the importance of a soci-ecological perspective--a commentary. Public Health. 2005;119:825-36.
10. Kaufman C, Stavrous S. 'Bus fare please': the economics of sex and gifts among young people in urban South Africa. Culture, Health & Sexuality. 2004;6(5):377-91.
11. UNESCO. Education for All: Who is excluded and Why. 2004.
12. ONUSIDA. Gender and HIV/AIDS: Taking stock of research and programmes. ONUSIDA Best Practice Collection. 1999.
13. De Bruyn M. Women and AIDS in Developing Countries. Journal of Social Science and Medicine. 1992;34:249-63.
14. Hunter S. Orphans as a window on the AIDS epidemic in Sub-Saharan Africa: initial results and implications of a study in Uganda. Journal of Social Science and Medicine. 1990;31:681-90.
15. UNICEF. Gender Achievments and Prospects, 2005. Report No.: Part One.
16. Dunbar M, Kang M, Mudekunye I, Padian N. Economic Livelihoods and STI/HIV Prevention for Orphan Girls in Zimbabwe-SHAZ! Phase II. 18 Conferencia de la Sociedad Internacional para la Investigación de ETS, 28 de junio-1 de julio, 2009, Londres, Inglaterra, 2009

 


Suneeta Krishnan es una epidemióloga de Women's Global Health Imperative, RTI International. También es asistente de profesor adjunta en la Universidad de California, Berkeley, y profesora asociada adjunta en el Instituto John's Research, Bangalore, India.

Megan Dunbar es especialista en salud pública de Women's Global Health Imperative, RTI International, y consultora en prevención de Pangaea Global AIDS Foundation.

Alexandra Minnis es epidemióloga de Women's Global Health Imperative, RTI International, y profesora asistente adjunta de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California, Berkeley.

Nancy Padian es investigadora de número y directora de Women's Global Health Imperative, RTI International. También es profesora en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California, Berkeley, y consultora senior en prevención de Pangaea Global AIDS Foundation.

Este ensayo está basado en el siguiente artículo: Krishnan, S., Dunbar, M., Minnis, A., Gerdts, C., Medlin, C., & Padian, N. (2008). "Poverty, gender inequities and women's risk of HIV/AIDS". en S. G. Kaler & O. M. Rennert (Eds.), Reducing the impact of poverty on health and human development: Scientific approaches. . Las siguientes autoras recibieron apoyo investigativo y salarial del Instituto Nacional de Salud Pública de Chile: Krishnan (R01 HD41731 y el premio presidencial a la carrera incipiente para científicos e ingenieros 2004), Minnis (K01 HD047434), y Dunbar y Padian (R01 HD045135-04). Dunbar y Padian también recibieron apoyo de la Oficina de Investigación sobre el SIDA, Oficina del Director de Institutos Nacionales de Salud (R01 HD045135-04), y la Tides Foundation. Minnis and Padian received partial support from the National Institute of Allergies and Infectious Diseases (R01-AI48749). Minnis recibió apoyo investigativo y salarial del Instituto para México y Estados Unidos de la Universidad de California, Iniciativa de Salud California-México y la Oficina del Presidente de la Universidad de California. Padian recibió apoyo de NIH Roadmap Exploratory Centers for Interdisciplinary Research (P20 RR020817). El contenido de este artículo es únicamente responsabilidad de las autoras y no representa necesariamente las visiones oficiales de ninguno de nuestros patrocinadores, incluyendo los Institutos Nacionales de Salud.

 

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Etiquetas:

health , public health , basic rights , poverty , gender equity




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