Desde abajo

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Las iniciativas comunitarias pueden ayudar a mejorar la vida de las mujeres y países enteros

 

Joyce Mungherera, miembro del Consejo Global de IMOW, ex vicepresidenta de World YWCA y laureada de Freedom from Hunger, sostiene que apoyar a las mujeres centrándose en el nivel de las bases es la mejor manera para hacer progresar una comunidad. Mungherera vio de primera mano las organizaciones de base; fue directora ejecutiva de YWCA en Uganda durante 30 años, trabajando desde abajo para mejorar la educación de las mujeres, su acceso a la planificación general y su calidad de vida general. Bajo su dirección, lo que empezó como una pequeña operación de base ahora es una organización de 1,5 millones de miembros y una de las más grandes operaciones no gubernamentales en Uganda.

En las naciones en desarrollo, como mi país natal, Uganda, las economías locales y nacionales dependen principalmente de la agricultura y la ganadería, y las mujeres proveen la mayor parte de la mano de obra. Sin embargo, al mismo tiempo, el desarrollo económico y la educación de las mujeres en la mayoría de los países del Tercer Mundo siguen siendo bajos. Esta disparidad requiere atención urgente, particularmente a la luz de la actual crisis económica mundial, y una solución holística de largo plazo debe empezar en las bases.

La mayoría de la gente en los países en desarrollo vive en áreas rurales, así que un avance distinguible a nivel nacional depende de cuánto esfuerzo se pone en activar las comunidades desde la base, y particularmente de cuánto esfuerzo se invierte en las mujeres y los niños, que en conjunto forman la mayor parte de una comunidad. Los gobiernos deben darse cuenta de que el desarrollo exitoso de una nación dependerá de involucrar a sus ciudadanos, una comunidad -y una mujer- a la vez.

A nivel de las bases, puede apuntarse a varias áreas que acelerarán el desarrollo de una comunidad, particularmente si están involucradas las mujeres. El primer ejemplo de eso es la educación. Como componen una porción tan sustancial de la población y como son responsables de cuidar a los niños de la comunidad, debe educarse a las mujeres en métodos agrícolas modernos y en gestión hogareña.

Las mujeres también necesitan maquinarias para poder aumentar la cantidad y la calidad de su producción agrícola. Los gobiernos deberían darles acceso a subvenciones y subsidios de instituciones financieras para ayudarlas a administrar granjas grandes. Otorgar a las mujeres fondos para maquinaria nueva y mejor aumentará la calidad y cantidad de sus cultivos e incrementará los ingresos, lo cual impulsará la economía.

Las organizaciones locales pueden colaborar formando granjas grupales que atraerán fondos y préstamos de gobiernos y donantes privados. En África, la granja grupal ayuda a las mujeres a compartir semillas, comerciar animales y hacer préstamos dentro del grupo que les permitirán comprar los suministros necesarios para mantener sus granjas.

Una vez mejorados los sistemas agrícolas y aumentada la producción, se hace crucial tener un transporte confiable y acceso a mercados más grande. Mi experiencia en países en desarrollo me enseñó que los grupos o cooperativas de mujeres ayudan a garantizar sistemas firmes y confiables de mercadeo. Cuando existe un sistema confiable de mercadeo, los miembros del grupo estarán motivados a esforzarse más para continuar produciendo su mercadería con regularidad.

Finalmente, y quizás es lo más importante, debe haber una legislación que proteja los derechos de las mujeres, y ellas deberían estar informadas y educadas al respecto. Las mujeres deben tener representación en los altos organismos legisladores del país y, a nivel de base, quienes trabajan tanto para producir alimento deberían saber sus derechos y recibir una compensación adecuada por sus esfuerzos. Debe enseñarse a las mujeres a crear voluntades y a acceder a servicios legales asequibles para impedir el desposeimiento de las propiedades, que es una práctica cultural común.

En última instancia, puede hacerse mucho desde abajo para mejorar la vida de las mujeres y así ayudar a comunidades enteras de naciones en desarrollo. Y, como son una parte tan importante del sector agrícola en los países en desarrollo, involucrar a las mujeres en la discusión es crucial. En mis treinta años al frente de YWCA en Uganda y como vicepresidenta de World YWCA, fue trabajando con las mujeres a nivel de las bases que vi los avances más grandes e inspiradores.

 


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