VOZ DE LA COMUNIDAD: Trabajar para vivir

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Una vida difícil para las mujeres en Cachemira y Jammu

 

La región de Cachemira y Jammu, en el norte de la India, es hogar de muchas mujeres empobrecidas que luchan por mantenerse y mantener a su familia. Con muy pocas industrias rentables para elegir y poca educación, se volcaron a la fabricación de ladrillos, el trabajo agrícola y el tejido. Para algunas, la enseñanza y la enfermería también son alternativas viables, aunque estos trabajos son difíciles de encontrar y suelen requerir viajar. En esta serie de fotos, la fotógrafa Elena Fava Emerson comparte un vistazo del arduo trabajo de las mujeres de la región.

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Fotografías de Elena Fava Emerson

En las regiones de Cachemira y Jammu, en el norte de la India, la economía permanece en gran parte inalterada por los sistemas de producción modernos. En cambio, depende de industrias tradicionales como la agricultura y ganadería. El nivel económico de las mujeres musulmanas e hindúes que viven allí depende del ingreso de los maridos, la clase en la que nacieron, su religión y su generalmente rudimentaria educación. Aunque algunas reciben compensación institucional, o beneficios, muchas siguen siendo vulnerables a la explotación. En las aldeas especialmente, luchan contra la extrema pobreza. Cuando otros recursos fracasan, las mujeres deben arreglárselas solas para mantenerse y mantener a sus hijos.

La seguridad financiera es precaria; conocí un padre cuya hija menor había sido recientemente hospitalizada. Gastó todos sus ahorros para pagar los gastos hospitalarios; dinero que estaba destinado a pagar la deuda de su matrimonio. Las bodas son una tradición muy importante en la India, pero por lo general la familia no puede pagar los gastos y los maridos o las familias quedan profundamente endeudados.

Un sector al que se volcaron las mujeres es el de fabricación de ladrillos. Para cancelar sus deudas, mujeres como las aquí retratadas trabajan durante años, esforzándose día tras día en montañas de arcilla roja hasta que les alcanza para mejorar su vida. Los hijos de los indigentes ayudan a su madre; todos los días las siguen a un campo embarrado en lugar de ir a la escuela. Es una existencia sin esperanza, con ninguna otra certidumbre salvo de la de un trabajo que parece interminable.

Las granjeras y artesanas, que bordan hermosos chales, también luchan por ganarse la vida. Suelen trabajar con su familia en las aldeas, construyendo una comunidad que se autosostiene para protegerse y defenderse de las disputas políticas externas. Tejer pashminas y otros hilados es una industria tradicional de las mujeres cachemiras. Esta vocación se ejerce más fácilmente cuando las mujeres se quedan en la casa y cuidan a los hijos.

Las viudas cachemiras son un grupo particularmente vulnerable. Incluso en un momento de paz relativa, sufren pobreza y desolación como resultado de los años de violenta disputa sobre el territorio. Después de la muerte de un marido, según la ley islámica, las viudas no pueden reclamar su propiedad. Con pocas opciones, muchas vuelven a la casa de sus padres. Sin un marido que las mantenga ni derechos sobre su propiedad, deben cuidar a los hijos y ganar un ingreso suficiente para mantener a su familia.

A pesar de su condición empobrecida, estas mujeres fueron, y siguen siendo, participantes activas en su comunidad. Las más educadas y privilegiadas enseñan en las escuelas primarias de la comunidad. La educación y las capacidades profesionales de las mujeres tuvieron un aumento constante en los últimos años, y es común que busquen trabajo fuera de su comunidad como enfermeras o maestras. Lamentablemente, las mujeres buscan trabajo y oportunidades educativas no simplemente para lograr metas personales, sino como una cuestión de subsistencia.


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