Masum Momaya

El verdadero sueño americano

La propiedad de la vivienda, la crisis de los préstamos de alto riesgo y la inestabilidad financiera

 

Para muchos en Estados Unidos, la casa propia es la realización del sueño de toda una vida, así como también una manera fundamental de lograr seguridad financiera a largo plazo, para ellos y para las generaciones futuras. Pero en los últimos años, el país sufrió una crisis de los créditos "de alto riesgo", en la cual un flujo de préstamos de altos costos puso en peligro la propiedad de la vivienda y las perspectivas futuras de decenas de miles de estadounidenses. En la reciente crisis, las mujeres y los integrantes de grupos raciales minoritarios fueron duramente golpeados, lo que empeoró las viejas brechas en la riqueza y oportunidad económica.

TOMA DE ACCIONES:

El 42 por ciento del patrimonio neto de los hogares estadounidenses está formado por el capital inmobiliario, la riqueza que se acumula cuando una casa aumenta en valor. Para la mayoría de las familias estadounidenses, su casa es el activo más grande. El capital inmobiliario les permite invertir en educación, oportunidades comerciales, jubilación y recursos para la próxima generación (1).

Si bien ser dueño de una casa puede parecer posible para cualquiera con los medios financieros, las políticas públicas discriminatorias contribuyeron a las actuales desigualdades entre mujeres y hombres, y entre grupos raciales. Las familias de origen racial minoritario y las mujeres solteras, viudas o divorciadas forman un número creciente pero relativamente reciente de propietarios. Quién puede acceder o no a un crédito, dónde uno podía comprar una casa, qué tipo de préstamos y asistencia gubernamental había disponible, todo tuvo un impacto significativo en la riqueza y en las oportunidades de ser dueño de una vivienda durante décadas. De muchas maneras, la reciente crisis de ejecuciones hipotecarias y préstamos de alto riesgo empeoraron una situación que ya era injusta.

La propiedad de la vivienda no es igual para todos

En los inicios de la historia de los Estados Unidos, las mujeres no podían legalmente ser dueñas de una casa, o podían solo ser copropietarias junto a su marido (2). Las mujeres sin compañero varón rara vez tenían suficientes ingresos como para calificar para un crédito para vivienda, un hecho que cambió solo recientemente.

En forma similar, mientras los programas posteriores a la Segunda Guerra Mundial de la Administración Federal de Viviendas hicieron posible que millones de estadounidenses blancos con ingresos medios fueran dueños de una casa por primera vez, un sistema gubernamental de evaluación ataba la calificación para un préstamo a la raza, considerando las comunidades mixtas un riesgo financiero y dificultando que muchas familias de origen racial minoritario pudieran acceder a hipotecas (3). Comunidades enteras fueron "marcadas", lo que significaba que era más difícil acceder a préstamos, así como también a servicios bancarios y seguros. El gobierno no invirtió en generación de empleo o en el transporte público en esos vecindarios y, como resultado, los supermercados y otros negocios eran renuentes a establecerse ahí. Sin la oportunidad de vivir en vecindarios "buenos" y "seguros", ciertas familias quedaron efectivamente afuera de la propiedad de la vivienda y el desarrollo económico.

Hoy, al haber ingresado por último en el "juego" de la propiedad, las mujeres y las familias de origen racial minoritario se encuentran con un patrimonio neto mucho menor que sus contrapartes varones y blancos. Los hombres blancos no solo tienen más ingresos, sino que el increíble aumento en el valor de las propiedades durante los últimos años produjo una enorme brecha en la riqueza, en gran parte debido a las diferencias en el capital inmobiliario. Hacia 1995 (antes de la actual crisis de las ejecuciones hipotecarias), la familia blanca media tenía ocho veces el patrimonio neto de una familia afroamericana media, y doce veces el patrimonio neto de una familia latina media (4).

Las diferencias en la riqueza se multiplican con el tiempo porque el patrimonio neto de una familia es el punto de partida para la próxima generación. Aquellos con riqueza pasan activos a sus hijos pagándoles la universidad, dándoles una mano en épocas difíciles o ayudándoles con el pago inicial de una casa. Los economistas estiman que hasta el 80 por ciento de la riqueza de una vida depende de estas transferencias intergeneracionales de riqueza. La brecha racial de la riqueza -y la ventaja gozada por los blancos- creció desde los días de la lucha por los derechos civiles, en la década de 1960, cuando las desigualdades de género y raza estaban al frente del debate público (5).

Prácticas crediticias discriminatorias

En promedio, las mujeres tienen un mejor historial crediticio que los hombres; sin embargo, de acuerdo con la Consumer Federation of America y la National Community Reinvestment Coalition, tienen más probabilidades que los hombres de recibir hipotecas de alto riesgo con mayores tasas de interés y condiciones menos favorables. En 2006, alrededor de un tercio de las mujeres recibieron hipotecas de alto riesgo, en comparación con uno de cada cuatro varones. Notablemente, la disparidad entre hombres y mujeres aumenta con los niveles de ingresos (6).

Las mujeres generalmente reportan menos confianza y conocimiento sobre las transacciones financieras (7). Combinada con prácticas engañosas o predatorias, esta falta de conocimiento financiero hizo que las mujeres fueran más fáciles de explotar y más económicamente vulnerables que nunca.

Según la profesora Anita Hill, "las mujeres mayores son el banco principal de quienes otorgan préstamos de alto riesgo para refinanciamiento y mejoras en el hogar" (8). En promedio, las mujeres viven más que los hombres y suelen tener que luchar con los crecientes impuestos inmobiliarios y gastos médicos mientras se mantienen con ingresos fijos (9).

"Las mujeres afroamericanas, que representan la mitad de los deudores afroamericanos por compras de casa, son particularmente vulnerables", continúa Hill. "De hecho, hay evidencia de que quienes otorgan préstamos de alto riesgo les cobran [a las afroamericanas] y a las latinas tasas y tarifas más altas que a los hombres de la misma raza y a los hombres blancos, otra vez, sin importar el nivel de ingresos y en todos los tipos de préstamos (para compra de vivienda, refinanciamiento y mejoras)"(10). La intersección de raza, clase y género en estos ejemplos es particularmente sorprendente.

¿Cuáles son las consecuencias de estas disparidades, unidas a las desigualdades de largo plazo? La autosuficiencia económica de las mujeres, algo que lleva generaciones en su creación, está bajo amenaza. Y los hijos de las madres solas empiezan a vivir su vida desde posiciones económicamente desventajosas, lo que se traduce en menor salud, educación y futuras perspectivas de vida.

Las mujeres tienen más probabilidades de ganar menos y de gastar un mayor porcentaje de su ingreso en la casa, por lo que tienen menos probabilidades de absorber el costo de los pagos crecientes e inflados de los préstamos de alto riesgo, y muchas están en peligro de volverse dependientes de la familia y los servicios sociales. Además de las ejecuciones hipotecarias, muchas mujeres vieron mermar sus ahorros, su historial crediticio arruinarse y la bancarrota al acecho (11). Es difícil recuperarse de estos reveses financieros, especialmente con falta de acceso a información, asesoría y defensoría.

¿Qué se puede hacer?

En 1977, la ley conocida como de Reinversión en la Comunidad empezó a exigir a los bancos que atendieran las necesidades de todas las comunidades, incluyendo aquellas de bajos y medianos ingresos. Esta legislación asignó billones de dólares a las comunidades pobres y de clase media, creó empleo, ayudó a extender las oportunidades de viviendas accesibles y promovió el desarrollo de pequeñas empresas (12). Varios grupos están luchando por extender esta legislación para aplicarla a instituciones no financieras, muchas de las cuales fueron culpables en la crisis, incluyendo aseguradoras, sociedades de valores, cooperativas de crédito tradicionales y compañías hipotecarias independientes.

Si bien esto fue un buen cimiento para la reforma, no es suficiente para tratar los problemas actuales que surgen de décadas de discriminación, fracasos recientes y desigualdades de larga data. Deben reformarse las prácticas crediticias para que las tasas de interés de los préstamos de alto riesgo tengan un tope; las instituciones financieras deben demostrar que los préstamos verdaderamente benefician a los prestatarios; deben promulgarse leyes de préstamo justo; y debe ponerse un fin a las prácticas predatorias.

En todo el país, aparecieron numerosos programas de educación financiera, muchos dedicados a mujeres y grupos raciales minoritarios, y se realizaron otras inversiones orientadas a la comunidad. Esto es útil, junto con otras oportunidades para que los individuos generen riqueza y la mantengan. La reciente legislación sobre salarios justos es un paso adelante, y varias fundaciones están experimentando con programas de colocación de créditos que ayudan a los individuos y a las familias que no califican para pedir dinero prestado según las pautas actuales.

Organizaciones orientadas a la comunidad, como ACORN, la National Community Reinvestment Coalition y la National Low-Income Housing Coalition, también están trabajando para ayudar a los individuos en riesgo de desalojo y de perder la propiedad de su casa. Varios estados aprobaron moratorias para las ejecuciones, y los defensores continúan ayudando a la gente a negociar nuevos acuerdos crediticios, encontrar trabajo y reconstruir su comunidad.

En general, cuando la gente tiene activos y seguridad económica, es libre de construir, crear y contribuir. Este es el verdadero sueño americano, y la única manera de garantizar una participación plena y brindar seguridad económica para toda la ciudadanía.

 

REFERENCIAS:

1. PBS, “Where Race Lives--Go Deeper,” (accessed August 5, 2009).

2. Law Library of Congress, “Married Women’s Property Laws,” (accessed August 5, 2009).

3. PBS, “A Long History of Racial Preferences--For Whites,” (accessed August 5, 2009).

4. PBS, “Where Race Lives--Go Deeper,” (accessed August 5, 2009).

5. PBS, “A Long History of Racial Preferences--For Whites,” (accessed August 5, 2009).

6. Allan Fishbein and Patrick Woodall, “Women are Prime Targets for Subprime Lending,”  Consumer Federation of America (2006).

7. Prudential,  “Financial Experience and Behaviors Among Women,” (accessed August 5, 2009).

8. Anita Hill, “Women and the Subprime Crunch,” Boston Globe, (October 22, 2007).

9. Anita Hill, “Women and the Subprime Crunch,” Boston Globe, (October 22, 2007).

10. Anita Hill, “Women and the Subprime Crunch,” Boston Globe, (October 22, 2007).

11. Anita Hill, “Women and the Subprime Crunch,” Boston Globe, (October 22, 2007).

12. National Community Reinvestment Coalition, “CRA: Vital for Neighborhood, the Country, the Economy,” (accessed August 5, 2009).


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