Las Nuevas Proveedoras de la Familia

Las Nuevas Proveedoras de la Familia

Un ensayo de "El informe Shriver: una nación para las mujeres cambia todo”

 

Las mujeres han dado pasos gigantescos y ahora tienen más probabilidades que nunca antes de ser económicamente responsables de ellas mismas y de su familia. De hecho, por primera vez en la historia de los Estados Unidos, las mujeres son la mitad de todos los trabajadores, y en casi dos tercios de las familias estadounidenses las madres brindan el principal sustento o tienen una participación en su sostén. Heather Boushey, economista del Center for American Progress, examina de qué manera cambió la vida de los estadounidenses al tener a las mujeres como el nuevo sostén de la familia. Boushey dice que la equidad en el ámbito laboral todavía no se logró, aunque las familias necesitan ahora más que nunca la igualdad para las mujeres. Este ensayo fue publicado por el Center for American Progress como parte de un capítulo de El informe Shriver: una nación para las mujeres cambia todo.

DATOS Y CIFRAS

  • Solo una de cada cinco familias con hijos (20,7 por ciento) tienen el esquema tradicional varón sostén / mujer ama de casa, comparado con el 44,7 por ciento de 1975.
  • Dos tercios (64,3 por ciento) de las madres con un hijo menor de seis años ahora trabajan fuera del hogar, comparado con solo el 39,6 por ciento en 1975.
  • Ahora, por primera vez, las mujeres forman la mitad (49,9 por ciento) de todos los trabajadores en las nóminas estadounidenses. En 1969, eran solo un tercio de la fuerza laboral (35,3 por ciento).
  • Desde diciembre de 2007, cuando empezó la recesión, los hombres representaron tres de cada cuatro empleos perdidos (73,6 por ciento)
  • Dos millones de esposas están manteniendo a su familia mientras el marido desocupado busca trabajo.
  • En promedio, las mujeres siguen cobrando 23 centavos menos que los hombres por cada dólar ganado en nuestra economía.
  • Casi cuatro de cada diez madres (39,3 por ciento) son el principal sostén de la familia, ya que generan la mayor parte de los ingresos. Cerca de dos tercios (62,8 por ciento) son el sostén de la familia o aportan a él, al generar al menos un cuarto de los ingresos.

Por un breve período en la historia estadounidense, durante la Segunda Guerra Mundial, las mujeres constituyeron más de un tercio de la fuerza laboral del país, mientras los hombres se sumaban a las fuerzas armadas para vencer a nuestros enemigos fascistas. Esta fenomenal transformación de la economía estadounidense fue breve, pero su influencia fue duradera. Así, muchos estadounidenses pueden compartir las historias de "Rosie, la remachadora", semejantes a los recuerdos del presidente Obama sobre su abuela que trabajaba en una planta de fabricación militar mientras su abuelo servía en Europa con el general George Patton.

Hoy, el movimiento de mujeres dentro de la fuerza laboral no solo es duradero sino verificablemente revolucionario, quizás la más grande transformación social de nuestro tiempo. Es mucho más probable que las mujeres trabajen fuera de la casa y que sus ingresos sean más importantes para el bienestar de la familia que nunca antes en la historia de nuestra nación. Esta transformación cambia todo. A un nivel más profundo, cambia las reglas de qué significa ser una mujer y qué significa ser un hombre. Ahora las mujeres comparten cada vez más con los hombres el rol de sostén de la familia, como así también el de provisión de cuidados. Aun así, todavía tenemos que asimilar qué significa vivir en una nación en la que tanto hombres como mujeres trabajan típicamente fuera del hogar y qué necesitamos para hacer que esta realidad funcione para familias que tienen hijos o ancianos que cuidar a lo largo de la mayor parte de su vida laboral.

En efecto, la transformación de la manera en que las mujeres pasan sus días afecta casi todos los aspectos de nuestra vida diaria. A medida que las mujeres se suman a la fuerza laboral, sus ingresos son cada vez más importantes para las familias, y cada vez más mujeres se convierten en la principal proveedora de su familia, aunque sigan cobrando 23 centavos menos que los hombres por cada dólar ganado en nuestra economía. Casi cuatro de cada diez madres (39,3 por ciento) son el principal sostén, al generar la mayor parte de los ingresos de la familia, y cerca de dos tercios (62,8 por ciento) aportan parte del sustento, al generar al menos un cuarto de los ingresos de la familia. Más aun, las mujeres ahora tienen más probabilidades de ser jefas de familia.

Estos logros no son de ninguna manera una victoria absoluta para las mujeres en la fuerza laboral y en la sociedad, o para su familia. Muchas mujeres hoy mantienen a su familia trabajando fuera del hogar -y aún ganan menos que los hombres- mientras tienen demasiadas responsabilidades en el hogar, una tarea crecientemente imposible. En los hogares, las familias lidian con estas contracciones de tiempo diarias en una variedad de formas insatisfactorias. Actualmente, en muchas familias, no hay nadie que se quede todo el día en la casa y, por lo tanto, no hay nadie con tiempo para preparar la comida, estar presente cuando los niños vuelven de la escuela o lidiar con las pequeñas cosas del día a día, como aceptar un paquete que llega por correo o hacer que reparen el refrigerador. En lugar de tener a mamá en casa para que les eche un ojo después de la escuela, las familias deben enfrentar el desafío de cuidar desde lejos a niños que pasan mucho tiempo solos y de preocuparse por lo que hacen los adolescentes.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es: la presencia de las mujeres ahora es algo común en toda clase de trabajos y muchas están en puestos de autoridad. Millones de trabajadores tienen ahora una jefa, y el estilo de gestión colaborativa de muchas mujeres está mejorando el resultado final. Cada vez más, las empresas están reconociendo que la mayor parte de su fuerza laboral tiene algún tipo de responsabilidad familiar y, por lo tanto, están creando políticas laborales flexibles para abordar esta realidad. Muchos de los trabajos de crecimiento más rápido reemplazan la tarea que las mujeres solían hacer gratis en su casa. La demanda de asistentes de salud, cuidadores de niños y trabajadores gastronómicos, por ejemplo, aumentó marcadamente.

Los patrones sociales también están cambiando, y rápidamente. Ahora que las mujeres son la mitad de todos los trabajadores en las nóminas estadounidenses, ya no hay un tiempo límite estándar para contraer matrimonio y tener familia, si es que siquiera eligen casarse o tener hijos. El sector de tecnologías de reproducción asistida floreció, ya que las mujeres -especialmente, las profesionales- invierten en sus carreras y retrasan la maternidad hasta los treinta o los cuarenta. Y el porcentaje de mujeres que no están casadas subió a las nubes: el 40 por ciento de las mujeres de más de 25 años ahora no están casadas y en 2007 se alcanzó el récord de niños nacidos de madre no casada: 40 por ciento. Si bien la tasa de divorcios cayó, muchas posponen el matrimonio y algunas no se casan nunca.

Esta transformación también presume profundas implicancias para las comunidades de toda la nación. En las escuelas y organizaciones religiosas y comunitarias, las mujeres están menos disponibles para ofrecerse como voluntarias durante la semana laboral y tienen menos tiempo para dedicar a liderar organizaciones comunitarias. La trasformación también afecta nuestro sistema de salud, ya que los proveedores de servicios de salud tienen que enfrentar el hecho de que probablemente no haya nadie que brinde atención domiciliaria gratis a un paciente en recuperación.

Y afecta nuestra calidad de vida. Muchas tiendas, restaurantes y líneas de atención al consumidor ahora están abiertos las 24 horas los siete días de la semana, lo cual satisface las necesidades de familias con horarios de trabajo de 9 a 17. Pero esto significó que millones de otras familias -desproporcionadamente, inmigrantes y familias de bajos ingresos- tengan miembros que trabajan en horas no convencionales, lo que afecta sus matrimonios y su habilidad de acceder a cuidado infantil y otros servicios que generalmente no están disponibles en esos horarios.

Bastante simple, las mujeres van a trabajar y todo cambia. Sin embargo, como nación, todavía no digerimos qué significa todo esto y qué cambios restan por hacer. Pero debemos cambiar, especialmente porque la actual recesión amplifica y acelera estas tendencias a lo largo de toda nuestra economía y sociedad. La gran recesión llevó a masivas pérdidas de empleos, especialmente en sectores dominados por los hombres. Desde diciembre de 2007, cuando empezó, los hombres representan tres de cada cuatro empleos perdidos (73,6 por ciento) y ahora dos millones de esposas están manteniendo a sus familias mientras sus maridos desempleados buscan trabajo.

Ahora, por primera vez, las mujeres forman la mitad (49,9 por ciento a julio de 2009) de todos los trabajadores en las nóminas estadounidenses. Esto es un cambio drástico comparado con una generación atrás: en 1969, las mujeres eran solo un tercio de la fuerza laboral (35,3 por ciento).

Muchas estadounidenses, por supuesto, trabajaron siempre, pero a medida que más mujeres se unieron a las filas de los empleados y entraron en efecto las leyes que prohíben la discriminación, se abrió para ellas una amplia gama de oportunidades. En 2008, una madre trabajadora ya no es un hecho revolucionario, sino algo muy común: solo una de cada cinco familias con hijos (20,7 por ciento) tienen el esquema tradicional de varón sostén del hogar y mujer ama de casa, comparado con el 44,7 por ciento en 1975. Ese año, cuatro de cada diez madres con hijos menores de seis años (39,6 por ciento) trabajaban fuera de su casa, pero para 2008 se había alcanzado los dos tercios (64,3 por ciento).

Para entender qué significa para las mujeres aportar al sustento de la familia, este capítulo se centra en quién va a trabajar, dónde trabajan las mujeres, por qué trabajan y qué implica esto para su bienestar económico y el de su familia. Si bien las mujeres dieron pasos enormes y ahora es mucho más probable que sean económicamente responsables por ellas mismas, aún queda un largo camino. La equidad en el ámbito laboral todavía no se logró, aunque las familias necesitan ahora más que nunca la igualdad para las mujeres.


Descargue el capítulo completo (PDF)

Para saber más sobre El informe Shriver, haga clic aquí.

Un agradecimiento especial al Center for American Progress.

 

Translations by 101translations.com

 

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