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La agente de la atención, y del cambio, de Noruega

Gro Harlem Brundtland, la primera y única mujer noruega en ser Primera Ministra

Gro Harlem Brundtland, la primera mujer en ser Primera Ministra de Noruega, siempre supo lo que quería ser cuando creciera; dos cosas: médica y política. Décadas después, cuando un fotógrafo se enfermó en uno de sus vuelos de campaña, había un doctor a bordo. La Primera Ministra en persona lo atendió.

"Hay una conexión muy cercana entre ser médico y ser político", dijo en una entrevista para Time en 1989. "Los médicos primero tratan de prevenir la enfermedad, luego la curan si aparece. Es exactamente lo mismo que se hace como político, pero respecto de la sociedad".

Antes de dirigir la nación como Primera Ministra, Brundtland trabajó en el servicio de salud pública de Noruega y fue Ministra de Asuntos Ambientales. No solo fue la primera mujer en ser PM, también fue la más joven y encabezó un gabinete con casi un 50% de mujeres. Más tarde, se convirtió en Directora General de la Organización Mundial de la Salud. En 2007, fue designada como Enviada Especial sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas.

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El 15 de septiembre de 1995, Gro Harlem Brundtland pronunció el discurso de cierre de la cuarta Conferencia Mundial de Mujeres de las Naciones Unidas, realizada en Pekín, China. Alentó a un público de miles de mujeres a que tomaran su libertad e igualdad, y no esperaran que otra persona "hiciera el trabajo".


"Vinimos aquí para responder el llamado de millones de mujeres... Nuestra generación debe responder ese llamado. Sin dudas, hemos avanzado. Pero la medida de nuestro éxito dependerá de la voluntad de todas nosotras de cumplir aquello que hemos prometido.

Ahora debemos seguir adelante. Todas las historias de luchas por la liberación nos dicen que la vida, la libertad, la igualdad y la oportunidad nunca son dadas. Siempre han sido tomadas. No podemos mantener la ilusión de que alguien más va a hacer el trabajo... Mujeres, y hombres que trabajan con nosotras, hombres que entienden, todos nosotros debemos luchar por esa libertad. Hoy sabemos que las contribuciones de las mujeres a la economía son decisivas para el crecimiento y el desarrollo social. Sabemos que los países continuarán viviendo en la pobreza si las mujeres permanecen bajo el pie de la opresión. Conocemos los costos de un continuo apartheid de género.

Hoy, no hay un solo país en el mundo -ni uno solo- en el que hombres y mujeres tengan iguales oportunidades. Así que debemos volver de Pekín, volver a casa para cambiar valores y actitudes... Debemos ir a las salas de juntas, a los suburbios de Europa y América del Norte, a todas nuestras comunidades locales, a nuestros gobiernos, a la sede de las Naciones Unidas. Ahí es donde se requiere el cambio... tanto en el norte como en el sur.

No solo deben las mujeres ser libres e iguales para tomar decisiones sobre sus propias vidas. No solo deben las mujeres tener el derecho, el derecho formal y protegido, de tomar parte en la conformación de la sociedad. No, más aun, las mujeres deben hacer uso de ese derecho. El poder de las mujeres es una fuerza formidable. Necesitamos mujeres en todos los niveles de dirección y gobierno, tanto gobierno local como nacional... En el mundo, hay gabinetes y parlamentos con pocas o ninguna mujer. Esta situación no puede durar y no lo hará. Y, si la transición hacia una representación política real es lenta, la acción afirmativa funcionará. Yo lo hice, en Escandinavia.

Estamos adoptando una abarcadora Plataforma para la acción. Todos sus elementos son importantes en esta Agenda para el cambio. Déjenme centrarme en algunos de sus más concluyentes puntos. Estamos de acuerdo con que la educación de las mujeres es esencial. Los informes sobre desarrollo humano de este año lo ponen claramente de manifiesto. Los retornos económicos de inversión en la educación de las mujeres son totalmente comparables a los de los hombres. Pero los retornos sociales de educar mujeres exceden ampliamente a los de educar hombres...

Puede decirse que la violencia doméstica contra las mujeres es parte de los "patrones culturales" de muchos países, incluido el mío propio... Claramente, la libertad de la violencia y la coerción debe aplicarse también en la esfera sexual de la vida. Esta conferencia ha puesto en claro lo que los derechos humanos deben ser en la práctica. El estado se transforma en cómplice si la violencia contra las mujeres se ve como una categoría cultural aparte, de conductas ajenas al campo de la justicia y la aplicación de la ley.

Actitudes arraigadas desde hace cientos de años no se cambian fácilmente, pero estas que he mencionado deben cambiarse. La tarea requiere acción por parte de los gobiernos, grupos religiosos y organizaciones no gubernamentales privadas. Una mayor igualdad en la familia es buena para hombres, mujeres y niños. Las alegaciones de que esta Conferencia está en contra de la maternidad y la familia son simplemente absurdas. Hoy, reconocemos que la pobreza tiene un sesgo de género. El mito de que los hombres son los proveedores económicos y que las mujeres, principalmente, son madres y cuidan a la familia ha sido minuciosamente refutado.

Las mujeres siempre trabajaron, en todas las sociedades y en todos los tiempos. Como regla, han trabajado más que los hombres y, como regla, sin paga ni reconocimiento. Su contribución ha sido esencial para las economías nacionales así como también para sus familias, en las que las mujeres han sido a menudo las principales proveedoras de sustento. Según las definiciones de las estadísticas, las sociedades han mantenido siempre a las mujeres a cierta distancia. Las mujeres que trabajan entre 10 y 12 horas por día en agricultura de subsistencia pueden ser registradas como "amas de casa" en los censos nacionales.

Pero pasar por alto la contribución de las mujeres a la economía ha tenido efectos nocivos más severos. Una mujer no puede ni siquiera obtener un préstamo modesto para ser más independiente y productiva. En muchos países, las mujeres no poseen nada; no heredan nada y no pueden ofrecer seguridad. Encima, las leyes suelen funcionar contra ellas. No, las mujeres no estarán más empoderadas simplemente porque nosotros queremos que lo estén, sino a través de cambios de legislación, más información y recursos redireccionados."


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