Algunos creen que las instituciones religiosas desalientan la participación política femenina. Pero, por el contrario, la historia ha mostrado que la religión también es capaz de abrir puertas para las mujeres. Esto es especialmente así en los movimientos de derecha y, en particular, en el movimiento fascista español de mediados del siglo XX. Profesando una ferviente devoción hacia las tradicionales nociones católicas de sacrificio y obediencia hacia los hombres, las mujeres fascistas españolas llegaron a tener increíble poder y a realizar su misión principal: apoyar la justicia social en la sociedad española.
Manel Rovira de Vilobí del Penedès (Cataluña)
Mujeres de la Sección Femenina de la Falange desfilan por las calles de Guardiola, España.
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Ayuntamiento de La Bisbal del Penedès (Tarragona - Catalunya)
Mujeres de la Sección Femenina de Bisbal del Penedès posan en compañía de la fundadora Pilar Primo de Rivera. Pilar está en el centro, con un bolso en las manos.
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Organizándose en 1934 como la Sección Femenina del partido político Falange Española, las mujeres fascistas españolas se transformaron en una formidable fuerza política que ostentaba 680.000 miembros.
Desde 1939 hasta la muerte del dictador español Francisco Franco en 1975, la Sección Femenina se convirtió en la única organización estatal con autoridad sobre las mujeres. Durante su reinado de décadas, construyeron una "enorme organización a través de la cual casi toda mujer en España -voluntaria o involuntariamente- era eventualmente canalizada", dice la historiadora Victoria L. Enders.
La Sección Femenina (SF) fue la rama femenina del partido fascista Falange Española. El partido fue fundado en 1933 por José Antonio Primo de Rivera, el hijo mayor del ex dictador español General Miguel Primo de Rivera. La SF, a su vez, fue fundada por la hija menor de José Antonio, Pilar Primo de Rivera.
José Antonio ensalzaba ideales fascistas como la religión católica, la familia, la nación y, lo más importante, el imperialismo español. Pero, de igual forma, abrazó principios socialistas como los derechos de los trabajadores, los sindicatos, el anticapitalismo y la justicia e igualdad social.
La Falange nunca se convirtió en un partido político dominante y en 1939 fue absorbido por el partido paraguas derechista de Franco, la Falange Española Tradicionalista. Sin embargo, la Sección Femenina de la Falange permaneció independiente y se convirtió en una de las agrupaciones de mujeres más altamente organizadas y masivas en la historia española. ¿Por qué las mujeres se unían febrilmente a las filas de la SF cuando la Falange masculina tenía un número mucho menos favorecedor?
La historiadora Victoria L. Enders ofrece una posible respuesta. Las líderes falangistas que ella entrevistó entre 1987 y 1991 le dijeron que ellas fueron atraídas, sobre todo, por la ideología híbrida del partido. Por primera vez, las españolas religiosas encontraron un partido político que les permitía combinar su fe con su deseo de generar cambio social.
Una de las líderes originales de la SF, Concha, explicó: "No éramos de derecha, pero tampoco éramos comunistas. Así que era necesario buscar un equilibrio: tomar lo bueno del comunismo, la noción de programa social, así como también lo bueno de la derecha, con su sentido de patria, de religión, de familia y de tradición. Por supuesto, se trataba de unir las dos cosas".
Pilar Primo de Rivera notó el deseo reprimido que tenían las mujeres religiosas de participar en la reconstrucción de España y les dio una válvula de escape. Una de las primeras adherentes, entrevistada por Victoria Enders, explica el anhelo de las mujeres por participar en algo más grande que ellas mismas. "Todas las mujeres, incluso aquellas que no habían hecho nada, estaban llenas de entusiasmo, de la necesidad de hacer algo, de contribuir, sacrificarse, de lo que fuera que se necesitara". Para esta mujer, tomar parte de la Sección Femenina era "tan excitante, tan excitante estar al servicio de España. Establecer la justicia social era una obsesión".
Desde el principio, la mayor preocupación de las mujeres fue establecer la justicia social en la España posterior a la Guerra Civil. En 1939, después de tres años de lucha, la infraestructura del país estaba en ruinas, la pobreza era generalizada y la asistencia social no existía. La SF creó Auxilio Social, una organización de asistencia social apolítica que proveía comida, ropa y refugio a viudas, huérfanos y pobres. Daban clases de explotación agropecuaria y alimentación a los granjeros. Organizaron una campaña masiva de vacunación e inocularon a más de 1,5 millón de niños.
Aunque la principal misión de las mujeres de SF era la justicia social, son ampliamente conocidas, y criticadas, por su adhesión a los principios tradicionales de la iglesia católica. Eran autoproclamadas antifeministas que se tomaron a pecho la directiva de José Antonio de que las mujeres no tenían que ser feministas, sino femeninas. Durante su reinado de cuarenta años, trataron de modelar a las españolas según su concepción de la mujer ideal: católica, dedicada, madre sacrificada y obediente esposa.
Hay registros de los argumentos de Pilar en pos del silencioso sacrificio de las mujeres y su subordinación hacia los hombres. Se la cita diciendo que "el verdadero deber de las mujeres para con la Patria es formar familias... en las que alienten todo lo que es tradicional... Lo que nunca debemos hacer es ponernos a competir con los hombres porque nunca obtendremos la igualdad y, en cambio, perderemos toda la elegancia y toda la gracia indispensable para una armoniosa vida en común".
Aunque las actuales feministas españolas las acusaron de hacer retroceder a las mujeres españolas al promover las nociones de la inferioridad de las mujeres y su subordinación hacia los hombres, las integrantes de la Sección Femenina creían que habían creado una nueva y altamente estimada mujer española. La sociedad fascista, sostenían, consideraba a las mujeres como una parte indispensable y venerada de la sociedad. El centenario rol de las mujeres como madres y esposas finalmente era apreciado y respetado. Como resultado, ellas no estaban de acuerdo en que la percepción católica de las mujeres como esposas y madres humildes era regresiva o represiva. Muy por el contrario; era empoderadora, dice Concha, una líder de la SF:
"En la Sección Femenina, los viejos tabúes, o todos esos prejuicios, se quebraban. Emergió una nueva mujer; valiente, abierta, libre, pero con un gran concepto de la religión, de la patria, del deber. Esa es la mezcla que nos formó. La Sección Femenina nos formó, a todas las que pasamos por ella".
La muerte de Francisco Franco en 1975 puso fin al fascismo y, en consecuencia, a la influencia de la Sección Femenina. Antes de dejar la escena política, sin embargo, la SF ayudó a concretar una victoria para las mujeres: En 1961, colaboraron para que se aprobara una ley que aseguraba igualdad entre hombres y mujeres en las esferas política, profesional y económica.