DEMOCRACIA

La justicia es una mujer

Carla del Ponte: “Nunca serví a nadie y a nada más que a la ley”.

No puede haber paz, y por lo tanto democracia, donde no hay estado de derecho donde se violan los derechos humanos, donde los criminales están libres y las víctimas no reciben ninguna reparación. La justicia es un ingrediente fundamental de la democracia. En 1999, el secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan anunció: "La justicia es una mujer".

Estaba hablando de Carla del Ponte, la recientemente designada Fiscal General del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). Del Ponte ya era conocida como una incorruptible e incansable defensora de la justicia, pero aún le faltaba hacer historia como una de las más importantes mujeres fiscales de nuestro tiempo.

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Associated Press
Alguna vez comparada con la diosa de la justicia, la fiscal Carla del Ponte también ha recibido apelativos menos halagüeños. El ex presidente serbio Slobodan Milosevic la tildó de la "nueva Gestapo"; la mafia italiana la llamó "la puttana" (la puta) y el sistema bancario suizo la designó "el misil mal dirigido". Ver más grande >

La tarea de Carla del Ponte era dar caza y llevar a juicio a los mayores perpetradores de crímenes cometidos durante las guerras en la antigua Yugoslavia. Se tomó el trabajo muy en serio: sabía que la justicia era fundamental para construir paz, reconciliación y, finalmente, democracia en los países balcánicos devastados por la guerra.

Del Ponte saltó a la escena internacional a fines de los 80. Como fiscal pública suiza, descubrió una conexión criminal entre banqueros suizos y la mafia, y sin miedo arrestó y procesó a sus miembros más importantes.

Su cruzada por la justicia recibió atención mundial en 1988, año en que la mafia intentó asesinarla. Aunque pusieron una inmensa cantidad de explosivos en su cada, ella escapó ilesa. Un colega fue menos afortunado: El juez Giovanni Falcone no sobrevivió a la bomba que le pusieron en el auto. En lugar de asustarla, sin embargo, la tragedia de perder a un amigo solo fortaleció su celo en perseguir a los más poderosos y peligrosos criminales.

En una entrevista con la BBC, explicó con su característico tono práctico: "No tengo temores. No trabajo con temores".

Perseguir criminales de guerra

A partir de 1991, en la antigua Yugoslavia explotó una guerra civil tras otra. Un total de cuatro guerras en ocho años afligieron a la pequeña federación balcánica: en Eslovenia (1991), en Croacia (1991-1995), en Bosnia (1992-1995) y en Kosovo (1996-1999). Más de dos millones de personas murieron o fueron desplazadas. En todos lados, se cometieron, con grados variables, persecuciones, deportaciones, saqueos, asesinatos, violaciones y torturas.

El genocidio cometido contra la población musulmana de Srebrenica se recuerda como el episodio más impresionante de las guerras: en julio de 1995, cerca de 8.000 hombres y niños fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento y arrojados a fosas comunes.

Mientras la guerra aún arreciaba en Croacia y Bosnia, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución que establecía el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) en La Haya, en los Países Bajos. Del Ponte fue designada como su fiscal en 1999.

A solo un año de iniciado su cargo, consiguió lo inconcebible: arrestó y llevó a juicio a Slobodan Milosevic, el presidente de Serbia. Su arresto marcó la primera vez en la historia que un jefe de estado en funciones fue acusado y juzgado por crímenes de guerra.

"Este Tribunal, y el juicio a Milosevic en particular, brinda la más poderosa demostración de que nadie está sobre la ley o más allá del alcance de la justicia", dijo Del Ponte en el documental La lista de Carla. "Quizás sea la primera vez que realmente siento que estoy haciendo algo constructivo, algo positivo por la sociedad. Podría llegar a ser finalmente posible abolir la impunidad de los poderosos".

Justicia = democracia

Hasta hace solo una semana, dos de los más atroces criminales de guerra seguían libres: Radovan Karadzic, ex líder serbo-bosnio, y Ratko Mladic, ex jefe del ejército. Pero, después de 13 años de esconderse, el hombre más buscado en Europa, Radovan Karadzic, fue arrestado en Belgrado el 21 de julio de 2008. Todos, incluyendo Del Ponte que ya alejada del Tribunal, había perdido las esperanzas de capturarlo

Sin embargo, fue la acusación inicial de estos hombres hecha 1995 y, como resultado, su forzoso retiro de la escena política lo que hizo posible la democracia en la Serbia de posguerra.

"Si no se hubiera creado ese Tribunal, Mladic sería hoy Ministro de Defensa en este país y Karadzic estaría exigiendo ser el Presidente de Serbia. Y nosotros no solo nos veríamos obligados a repartir volantes en secreto por las calles de la ciudad, sino que nos estarían gobernando esos dos. El Tribunal hizo de nosotros seres humanos parcialmente normales. Nos ha dado eso. Ahora estamos en el camino posible de convertirnos en seres morales si realmente hacemos algo", dijo Mirjana Miocinovic, una prominente activista política serbia.

¿Se ha hecho justicia?

Calra del Ponte sostiene que ella nunca sirvió a nadie y a nada más que a la ley. Pero eso no es completamente cierto. Durante su ejercicio en el Tribunal, Del Ponte siempre sirvió a las víctimas. Siempre estuvieron en su cabeza, y es por eso que ella consideraba el no haber podido arrestar a Karadzic y a Mladic como un gran fracaso personal.

En noviembre de 1999, Del Ponte se reunió con las integrantes de Mujeres de Srebrenica, sobrevivientes del genocidio en Srebrenica. "Yo era un símbolo de lo que ellas estaban pidiendo: justicia"--dijo en una entrevista de 2007. "Pero puedo decirles que me sentí honrada. Porque era una gran responsabilidad la que tenía sobre mis hombros, especialmente sabiendo que Milosevic todavía estaba en el poder en Belgrado. Salí de esa reunión muy motivada por lo que estábamos haciendo, pero también con una gran responsabilidad".

Los miembros de Mujeres de Srebenica, sin embargo, sentían que no se había hecho justicia durante el período de Del Ponte en el cargo porque no había podido aprehender a los dos señores de la guerra. Hatidza, una sobreviviente del genocidio de Srebrenica, fue entrevistada en La lista de Carla. Estaba agradecida al Tribunal, pero no obstante creía que no logró dar reparación a las víctimas: "La Haya es la verdad, pero no la justicia. En La Haya, se demostró la verdad, pero no se hizo justicia".

Del Ponte, sin embargo, no era la culpable, explicaba Hatidza. Los políticos y la poco cooperativa comunidad internacional tenían la culpa: "Karadzic y Mladic serán aprehendidos solo cuando sea conveniente políticamente. En este momento, no hay voluntad política para encontrarlos. Cuando decidan arrestarlos, ese día serán arrestados. Después de todo, no son pájaros que pueden volar lejos".

No eran pájaros y uno nunca voló lejos. Karadzic fue arrestado en un ómnibus de Belgrado, oculto tras una tupida barba blanca. Aunque su captura tuvo lugar un año después de que terminara el período de Carla del Ponte en el Tribunal, es un poderos testimonio de su trabajo y su legado: durante ocho años, arrestó a 91 fugitivos y procesó y condenó a 48 de ellos. Sabe que el Tribunal, y su propio trabajo, han sentado precedentes para el futuro. La impunidad ya no será una opción para los poderosos.


Hace poco, Carla del Ponte sacó el libro La caza. Yo y los criminales de guerra, que detalla sus experiencias como Fiscal del TPIY.




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