Kimberlee Acquaro/ Stacy Sherman
En este fragmento del premiado documental Dios duerme en Ruanda, Joslyne Mujawamariya, elegida como Jefa de Desarrollo en las primeras elecciones democráticas de su pueblo, está trabajando para reconstruir su país, que fue devastado por las guerras civiles, el genocidio y la pobreza.
Kimberlee Acquaro/ Stacy Sherman
La oportunidad sin precedentes de construir democracia en Ruanda yace en las manos de sus mujeres y niñas. El genocidio de 1994 se llevó la vida de cientos de miles de hombres, lo que hizo que el 70 por ciento de la población de Ruanda sean mujeres.
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Me veo como una mujer que quiere cambiar. Me veo como una mujer que tiene una nueva vida, un nuevo comienzo, y voy a sacar lo mejor de eso.
Soy una sobreviviente del genocidio de Ruanda. Sobreviví varias veces, y sobrevivir ni siquiera estaba en mi poder. Sobreviví por la ayuda de algunas personas bondadosas que pudieron entender que necesitaba seguir viviendo mi vida.
No soy política y no sé mucho de política. Pero pienso que la codicia de la gente en el poder y la pobreza de la gente común pueden haber suscitado el genocidio.
La gente en el poder quería aferrarse a él y tener cada vez más. Así que le dijeron a la gente común: Si matas a tal y cual, puedes tomar su propiedad, sus mujeres y su tierra.
Dijeron: Los tutsis en el exilio volverán y les quitarán sus tierras y ustedes serán pobres y estarán sometidos a ellos. ¡Defiéndanse, mátenlos, incluso a los niños, mátenlos, porque crecerán y se vengarán!
Hoy la situación en Ruanda es diferente. Hoy tenemos democracia, aunque aún nos queda mucho por hacer. Todavía estamos trabajando por la reconciliación y la justicia.
Para establecer la justicia en Ruanda estamos usando el sistema local: los tribunales Gacaca. Son tribunales locales que hace muchos años se usaban para dirimir disputas entre comunidades. Por ejemplo, si alguien mataba la vaca de un vecino, toda la comunidad juzgaba a esa persona. De esa manera, todos podían identificar lo que vieron y lo que pensaban sobre la persona que había cometido la acción.
Ahora el mismo sistema se usa para juzgar a los perpetradores del genocidio. Se lleva a los prisioneros a los poblados donde supuestamente cometieron genocidio y son juzgados allí, en presencia de los sobrevivientes.
Todos en el Gacaca expresan sus puntos de vistas, todos los argumentos son aceptados y contados, y la mayoría decide. Si la mayoría encuentra a la persona inocente, es liberada. Si la encuentran culpable, se la lleva nuevamente a prisión. Actualmente, la mayoría de los miembros de los Gacaca son mujeres.
La mujer en Ruanda está verdaderamente marcando la diferencia y eso se puede ver en Dios duerme en Ruanda. Después del genocidio, las mujeres pasaron a ser el 70 por ciento de la población. Aun cuando no tenían la experiencia adecuada -cerca del 49 por ciento de las mujeres eran analfabetas-, empezaron en los niveles comunitarios y están logrando el cambio.
Lo más importante de todo, las mujeres están inspirando la reconciliación y el necesario proceso de perdón. Mujeres de ambos lados han tomado la posición de perdonar y seguir viviendo.
Las mujeres están haciendo posible la reconciliación a su manera. Por ejemplo, las poblaciones ruandesas no están separadas; todos nosotros, hutus y tutsis, vivimos juntos. Como murió tanta gente, muchos no tienen familias extendidas. Entonces, ¿qué hago cuando tengo que ir al hospital y no tengo quien cuide a los niños? Si necesito ayuda o alguien con quien hablar, ¿a quién acudo? Debo ir con mi vecino, debo perdonar y debo llegar a un compromiso.
Las ruandesas también están haciendo un llamado público a la reconciliación. Dos mujeres que considero mis modelos son Janette Kagama, miembro del Parlamento, e Immaculate Ilibagiza. Kagame es una sobreviviente del genocidio, pero trabaja mucho para ser justa. Ilibagaza también es una sobreviviente y, aunque ha sufrido mucho y toda su familia fue asesinada, fue capaz de perdonar públicamente y está trabajando por la reconciliación.
La capacidad de las mujeres de perdonar y reconstruir la vida me recuerda un proverbio que una vez le escuché decir a un obispo: "Cuando le enseñas a un hombre, le enseñas a un individuo. Cuando le enseñas a una mujer, le enseñas a una nación".
En mi opinión, este dicho se aplica a Ruanda porque las ruandesas son buenas contadoras de historias. Les enseñan a los niños y a los demás contando historias. Por ejemplo, cuando a una mujer le pasa algo bueno, vuelve a su casa, reúne a su familia, comparte su historia y educa a sus hijos. Esa misma mujer después se encuentra con otra y comparte su relato.
Hoy, a través de nuestras historias, les estamos enseñando a nuestros hijos e hijas que tienen que ser mejores ciudadanos. Queremos que crezcan y produzcan el cambio y aprendan de nuestro pasado, que no fue bueno. Queremos que usen nuestras experiencias y sean mejores seres humanos, y queremos que compartan su conocimiento con el mundo.