12/10/2010 10:46:43
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ELECCIONES
Secuestrar a una candidata
Ingrid Betancourt: 6 años de calvario
Las mujeres en el camino de una campaña suelen enfrentarse a desafíos y amenazas explícitas a su seguridad. Uno de los ejemplos más extremos es el de la candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, secuestrada por fuerzas de la guerrilla durante su campaña de 2002. Luego de seis largos años de cautiverio, su liberación parecía sin imposible. El 2 de julio de 2008 se conoció la noticia de que ella y otros 14 rehenes habían sido liberados en un audaz operativo de comandos colombianos. IMOW mira hacia atrás en la saga de esta notable mujer y política.
Colombia evoca imagines de drogas, corrupción y violencia. Fue en este contexto que Ingrid Betancourt pasó los doce años previos luchando: luchando para ser escuchada en el mundo político colombiano, luchando contra la corrupción, luchando para mantener a sus hijos a salvo, luchando para cambiar la empobrecida realidad cotidiana de los 46 millones de personas del país.
Un regreso a casa
Nacida en una familia colombiana privilegiada, y siendo hija de un diplomático, Betancourt creció principalmente en el exterior, en Francia. Fue el asesinato en 1989 de otro candidato presidencial colombiano, Luis Carolo Gallan, lo que la inspiró a abandonar su confortable vida y regresar a su país. Betancourt se lanzó como candidata liberal anticorrupción para las elecciones legislativas. En Colombia, hacer política y electoralismo no es fácil, especialmente cuando eres una joven desconocida, con fondos limitados y no dispuesta a participar en la omnipresente práctica de la compra de votos.
Métodos poco ortodoxos
Su única opción era causar un impacto inolvidable. Lo hizo con condones. Distribuyéndolos por la calle, ofreció condones a los colombianos como una protección simbólica contra la corrupción gubernamental, así como también contra la enfermedad. En un momento en que el SIDA era un tema de gran actualidad, esta estrategia logró el impacto que necesitaba y resultó electa para la Cámara de Representantes.
Sus intentos por lograr el cambio en Colombia eran continuamente frustrados. Los tentáculos de la corrupción y la influencia de los carteles de la droga servían a sus propios intereses. Más de una vez, se hicieron amenazas contra sus hijos, lo que causó que los mandara a vivir con el padre, su ex marido, en Nueva Zelanda.
Oxígeno alimenta la carrera al Senado
Ya no queriendo estar asociada al Partido Liberal, Betancourt formó su propio partido, Oxígeno. En 1998, lanzó su candidatura al Senado, esta vez distribuyendo mascarillas protectoras, esperando equiparar la corrupción con la polución ambiental. Ganó su escaño con el mayor número de votos obtenido jamás por un senador colombiano. La meta de Betancourt era cerrar el Congreso y crear un nuevo cuerpo legislativo. El día en que este proyecto de ley fue rechazado, se decidió a presentarse en las elecciones presidenciales de mayo de 2002.
La carrera presidencial
Con su fervor habitual, Ingrid Betancourt se abocó a su candidatura presidencial. Viajó por toda Colombia, visitando áreas remotas donde la gente no está acostumbrada a que los candidatos vayan y los escuchen. Viajó en un viejo minibus Dodge, o "chiva" -el tradicional transporte comunal usado por la gente para viajar entre sus granjas y el pueblo. Y, por supuesto, ninguna campaña de Ingrid Betancourt hubiera estado completa sin una efectiva herramienta publicitaria. Esta vez fue el Viagra. Tomó las calles otra vez, entregando paquetes de píldoras en una apuesta por convencer a los votantes de que Colombia necesitaba el mismo tipo de revigorización que ellas prometían.
Debido a la continua influencia de intereses especiales, se consideraba que no tenía ninguna oportunidad en la carrera presidencial, pero ella continuó con la campaña. El presidente Patrana había abierto el diálogo con las FARC y se había creado una zona desmilitarizada donde políticos y rebeldes podían reunirse de manera segura. Cuando el diálogo de paz se quebró, Betancourt ignoró los consejos de no viajar hacia allá. El 23 de febrero de 2002, ella y su jefa de campaña Clara Rojas fueron secuestradas por la guerrilla.
Una campaña sin candidata
En los primeros meses luego de su captura, enviaron una grabación como "prueba de vida" que mostraba a Betancourt de relativamente buen ánimo, considerando su apremiante situación. Su familia y su partido continuaron su campaña sin ella, llevando imágenes de tamaño natural de la candidata desaparecida. El día de los comicios, la secuestrada Betancourt quedó en quinto lugar entre los once competidores presidenciales, con la obtención de poco más de 50.000 votos. A medida que los angustiosos meses se convertían en años, los desesperados ruegos de su familia y de gente de todo el mundo no lograban su liberación.
La esperanza por la supervivencia de Betancourt languideció cuando vio la luz una cinta, aparentemente grabada en octubre de 2007. En ella, aparecía dolorosamente delgada y consumida, sin un rastro de la alguna vez carismática y audaz política. Circulaban rumores de que estaba cerca de la muerte.
Libertad
En los dos primeros meses de 2008, las FARC liberaron a la compañera de Betancourt, Clara Rojas, junto a un puñado de rehenes. El 2 de julio, soldados colombianos, haciéndose pasar por rebeldes, engañaron a las FARC para que entregaran a Betancourt y a otros 14 rehenes, cargando al grupo esposado en un helicóptero. Una vez en el aire, les dijeron a los asombrados rehenes que eran finalmente libres.
Ingrid Betancourt emergió de la selva colombiana pálida y sonriente. Insinúo pero no brindó detalles sobre la "tortura y humillación" que había sufrido, diciendo: "Lo único que tengo en la cabeza es que quiero perdonar, y el perdón viene de olvidar".
Aspiraciones
Desde su liberación, Betancourt se reunió con sus hijos y su familia en Francia. Viajó a los Estados Unidos en septiembre para dar el discurso principal en la conferencia de las Naciones Unidas sobre la situación de las víctimas del terrorismo, y llamó a que una base de datos centralizada clasificara y publicara las necesidades de las víctimas.
Cuando se le preguntó sobre sus planes para el futuro, el calvario de seis años no había atenuado la resolución de Ingrid Betancourt de servir a su pueblo: "Sigo aspirando a servir a Colombia como Presidenta".
Maureen Macleod contribuyó a este informe.
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