ORGANIZACIÓN
Las mujeres y la economía
Meizhu Lui pregunta: ¿quién está sacando de un apuro a quién?
I.M.O.W.
Líder sindical de larga data y defensora de la justicia económica, Meizhu Lui explica cómo las crisis económica mundial está afectando a las mujeres de los Estados Unidos; y qué están haciendo ellas al respecto.
Activista de larga data, Meizhu Lui es ex directora de United for a Fair Economy y ahora dirige el proyecto Closing the Race Wealth Gap para el Centro de Desarrollo Económico de la Comunidad.
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AP Photos/Susan Walsh
Desde la izquierda: el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, el presidente de la Comisión de Bolsa y Valores Christopher Cox, el subsecretario de Finanzas Nacionales del Tesoro Robert Steel y el presidente del Banco de Reservas de Nueva York Timothy Geithner, a la derecha, presentes durante la audiencia del Comité Bancario del Senado sobre el rescate gubernamental de Bear Stearns, realizada el 3 de abril de 2008 en Capitol Hill, Washington.
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Hoy, sindicatos como UNITE HERE! hacen alarde de la diversidad de miembros, compuestos en gran parte por inmigrantes y un alto porcentaje de afroamericanos, hispanos y asiático-estadounidenses. La mayor parte de los miembros de UNITE HERE son mujeres
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Criada en el centro estadounidense como hija de inmigrantes chinos, Meizhu Lui obtuvo una comprensión de primera mano sobre cómo la economía interactúa con la raza, la clase y el género cuando, de repente, se convirtió en una madre sola a mediados de los 70. Obligada a buscar trabajo en una época económica difícil, se encontró vendiendo rosquillas en una popular cadena debido a sus horarios flexibles.
La sensación de injusticia de Lui se resintió cuando su gerente le dijo: "Ah, ustedes los chinos son buenos trabajadores, ¿no?". Ofendida por el comentario, se quedó callada porque "realmente necesitaba trabajar. Estaba desesperada". Sin embargo, rápidamente aprendió que "los únicos que podían hacer las rosquillas eran los hombres, y a las mujeres solo se les permitía servirlas", lo que las relegaba a salarios más bajos y menos respeto en el trabajo.
Un día, cuando la cuenta de la caja no daba, el gerente de Lui, sin pruebas, la acusó de robar de la registradora y se lo descontó de su paga. Ella se enteró de una ley laboral que hace que sea ilegal descontar el sueldo si el gerente también tiene acceso a la caja registradora.
Lui fue a la justicia laboral, hizo una demanda y obtuvo su dinero de vuelta. Perdió su trabajo, pero se sintió bien por haberle enseñado una lección a su jefe: "[Él pensaba] que las mujeres iban aceptar cualquier cosa, particularmente una mujer asiática. No se esperaba que yo diera pelea".
Esta experiencia alimentó el deseo de Lui de "ser parte de un movimiento en el que la gente se uniera para hacer la vida más fácil para la próxima generación de trabajadores, en particular para las mujeres trabajadoras".
Lui terminó trabajando en los departamentos de servicios alimentarios de varios hospitales de Boston, haciéndose amiga y eventualmente organizando a sus compañeras --en su mayoría mujeres de clase obrera y de color-- en algunos de los más formidables sindicatos de la ciudad.
Recuerda: "Había crecido creyendo que tenemos... el derecho a la libre expresión, a organizarnos, etc. Pero... esos derechos se detienen en la puerta del negocio. No se nos permitía hablar de sindicato... Me sorprendía cuánto miedo había [pero] tenía un buen trabajo, porque, como cajera en la cafetería, ¡podía entregar información sindical!".
Para Lui, sus relaciones y solidaridad con las compañeras eran muy importantes. Nota que el liderazgo sindical cambió un montón en los últimos 30 años. Ahora, las mujeres de color, muchas inmigrantes, encabezan sindicatos en fábricas de indumentaria, granjas e industrias alimenticias. Los estilos de liderazgo femenino son diferentes también; no surgen de las masas, sino con ellas.
Reflexionando sobre las crisis económica y el rescate financiero de 2008, Lui señala: "Antes que nada, la crisis, en el fondo, viene desde hace rato. No se la denominó verdaderamente como una gran crisis hasta que empezó a afectar los bolsillos de los grandes inversores. Hace varios años que se viene observando la caída del empleo. El ingreso real hace mucho que no aumenta, y la gente vive con menos y, por lo tanto, pide más prestado... La gente no tiene un colchón".
Lui explica que las más golpeadas son las mujeres, las comunidades trabajadoras, las minorías raciales y los inmigrantes --por lo general, grupos que se superponen parcialmente. Y agrega: "El secreto oscuro de nuestra economía es que está construida sobre la deuda de la gente común".
Ahora, Lui está usando su experiencia de más de 30 años como trabajadora, líder sindical y, más recientemente, investigadora para desafiar la autoridad de los supuestos expertos y dar voz a las preocupaciones del estadounidense promedio: "La economía no es esta especie de máquina gigante. En realidad, tiene que ver con la vida diaria de las personas comunes, y lo que ellas enfrentan cuando tratan de ir a la tienda, de conseguir un trabajo, de cobrar un sueldo y de cuidar de sus hijos e hijas".
Gracias a varias décadas de políticas con efecto de goteo, que todavía tienen que seguir goteando, esos desafíos son más grandes que nunca antes, pero Meizhu Lui es una de las muchas mujeres que están tratando de hacer la diferencia.