AMBIENTE

Midiendo el mercurio

Las mujeres ayudan en la protección contra la contaminación con mercurio en la Amazonia brasileña

El mercurio es una de las sustancias naturales más venenosas en la tierra. Ataca el sistema nervioso y el cerebro. Pequeñas dosis causan problemas en la coordinación, la visión y la destreza manual. Más puede ser fatal. Un grupo de mujeres en Brasil hicieron algo para mantener el mercurio fuera de su cadena alimenticia. Crecieron el cabello.

De paso, pueden haber descubierto un secreto dietario para frenar los efectos fisiológicos de la contaminación con mercurio.

Kelly Haggart, escritora senior del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo de Canadá, explora cómo las mujeres son participantes clave en este proyecto de investigación único.

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Frédéric Mertens
Community Members Examine Fish from the Tapajós River Ver más grande >
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Un cartel advierte a la comunidad de los peligros de mercurio en los peces. De Carlos José Sousa Passos, Delaine Sampaio Da Silva, Donna Mergler, Frédéric Mertens, Jean Rémy Davée Guimaraes, Johanne Saint-Charles, Marc Lucotte, Mélanie Lemire, Myriam Fillion, Nicolina Farella y Robert Davidson: 2005. Ver más grande >

Llevando un diario de alimentos y dejándose crecer el cabello

En una pequeña aldea en la ribera de un río en el corazón de la Amazonia brasileña, 26 mujeres llevan un concienzudo registro diario de todo lo que comen durante un año. También se dejan crecer el cabello. Para fin de año, han producido diarios detallados de los alimentos y largos mechones de cabellos para que científicos brasileños y canadienses investiguen los altos niveles de mercurio tóxico en la región.

Las mujeres brindan tanta información a través de su entusiasta registro y de sus cabellos que al doctorando brasileño Carlos Passos le llevó seis meses ingresar todo en una base de datos. Pero una vez que los resultados se analizaron, los investigadores están intrigados por un hallazgo de importancia potencialmente amplia: el consumo de frutas ha influido sobre los niveles de mercurio en el cabello de las mujeres. ¿Podría la fruta ofrecer alguna protección contra el mercurio que contamina el pescado que comen?

"El cabello crece aproximadamente un centímetro por mes", dice la bióloga Donna Mergler, profesora emérita en la Université du Québec à Montreal (UQAM). "Así que cortamos los cabellos en centímetros y examinamos la relación entre lo que las mujeres habían comido y sus niveles de mercurio. Y descubrimos que aquellas que comieron fruta tenían menos mercurio, para la misma cantidad de pescado".

A mitad del año, Elizete Gaspar, una estudiante graduada que trabaja con Mergler en el sondeo alimentario, les preguntó a las mujeres si estaban cansadas del esfuerzo. Ellas insistieron en que lo disfrutaban, que juntarse todos los días a las cuatro de la tarde en el centro médico se había convertido en un agradable evento social. Marcaban ítems en una lista y, luego, escribían los detalles, como cuál de las 40 especies locales de pescado habían comido durante las últimas 24 horas. La partera del pueblo discutía sus registros con ellas y ayudaba a aquellas que tenían dificultad para completar el formulario.

"Y las mujeres le dijeron a Elizete: «hacer esto también nos hace dar cuenta de la relación entre lo que comemos y nuestra salud. ¡Así que no! ¡Queremos seguir!»", recuerda Mergler.

Tras el rastro del mercurio

Fue la conexión entre alimento, salud y medio ambiente lo que primero llevó a los investigadores a la aldea de Brasília Legal a principios de la década del 90. Científicos de la UQAM se unieron con sus contrapartes de la Universidade Federal do Pará para investigar la fuente de mercurio que contaminaba el río Tapajós, un afluente del Amazonas en el norte de Brasil.

El mercurio en el suelo suele ser inofensivo porque la mayoría de las plantas no puede absorberlo, pero se vuelve peligroso una vez que entra en los sistemas de agua. Los peces incorporan un poco de este metilmercurio, como se llama este elemento en su forma más tóxica, a través de la ingestión de plancton. Sin embargo, son los carnívoros, los peces que comen otros peces, los más contaminados, ya que el mercurio sube en la cadena alimenticia.

"La gente es sensata"

Al estudiar el contenido de mercurio en los peces locales, los investigadores descubrieron que las especies predadoras estaban más contaminadas que las variedades herbívoras. Los pobladores estuvieron involucrados desde el principio en la búsqueda de soluciones. En un taller comunitario, se creó un eslogan positivo adecuado para una población que depende de los peces: "Coman más de los peces que no comen otros peces".

Los pobladores también sintieron que los carteles ayudarían a difundir el mensaje. Se mostraban tres peces blancos contra un fondo rojo, uno amarillo y uno verde para representar el orden descendiente de peligro. La categoría "roja" contenía a los peces predadores que era mejor no comer frecuentemente, mientras que el grupo "verde" incluía a los herbívoros que podían ser consumidos diez veces más seguido que los carnívoros.

"Los peces no tienen en la cabeza una etiqueta con la cantidad de mercurio, así que esto permitía una noción de cantidad que era útil", dice Mergler.

Los resultados fueron espectaculares. En 1995, los investigadores analizaron los niveles de mercurio de 47 personas y registraron su consumo de pescado durante la semana previa. Cuando la misma gente fue analizada cinco años después, estaban comiendo la misma cantidad de pescado que antes, pero sus niveles de mercurio habían caído en un 40%.

"La gente es sensata", dice Mergler. "Esto muestra que, cuando la gente es parte de un proyecto de investigación, puede apreciar los hallazgos".

Poco después, las 26 mujeres que llevaron los diarios de alimentos durante un año echaron luz sobre la importancia potencial de incluir fruta en la dieta. Más investigación sobre mercurio y frutas es necesaria, al igual que en otras partes del mundo, antes de que se pueda establecer claramente un efecto de protección y declararlo universalmente válido.

El poder invisible de las mujeres

Las mujeres fueron clave para comunicar el mensaje crucial sobre la modificación del consumo de pescado, tanto a sus familias como a sus vecinos. Para empezar, tendieron a ser menos escépticas que los hombres sobre la amenaza que planteaba el mercurio.

Los investigadores también descubrieron que las mujeres actúan como intermediarias, al permitir que diferentes grupos se comuniquen entre sí, en especial sobre los hábitos alimentarios. Incluso en una comunidad pequeña, factores como trabajo y status socioeconómico, ubicación en la aldea y afiliación religiosa crearon "redes de discusión" diferentes. Muy a menudo, las mujeres estaban en el centro de las redes y proveían vínculos hacia los otros grupos.

Las mujeres también hicieron posibles más decisiones alimentarias familiares y estaban en el centro de la mayoría de los entramados sociales de la aldea. Los investigadores descubrieron que los puntos focales reales de la aldea -los "líderes de opinión" cuyas visiones tenían más peso en asuntos importantes relacionados con la salud y la degradación ambiental- solían ser las mujeres, y no el jefe oficial o el sacerdote local, como se habría esperado. En su tesis de doctorado, Elizete Gaspar denomina esto como "el poder invisible de las mujeres".


Extraído y reimpreso de Women & Environments International Magazine Número 76/77 Mujeres y toxinas. Artículo © 2007 Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo. Todos los derechos reservados. Reimpreso con permiso.

 

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